Hayek, el cristianismo y el esquema global de su pensamiento

Por Gabriel J. Zanotti

De Introducción filosófica al pensamiento de Hayek (UFM/Unión Editorial, 2003), cap. 1.

El tema de Hayek y el cristianismo es muy delicado por la gran cantidad de cuestiones involucradas. En primer lugar debe decirse que este tema puede ser abordado desde muchos puntos de vista y objetivos. El nuestro es mostrar dónde puede haber choques entre “el/los” planteo/s de Hayek con el cristianismo católico y dónde no. El “dónde no” deja abierta una posibilidad de diálogo de tipo no clerical. Esto es, allí donde el pensamiento de Hayek no se contradiga con el cristianismo católico (cc), ello no implica que ese punto se pueda afirmar desde el cc. Alguien puede ser partidario de la teoría del ciclo de Hayek, no contradecirse por ello con el cc y ello no implica que dicha teoría se “infiere” del cc.

En segundo lugar debe aclararse cuál es el eje central de nuestra interpretación de Hayek.

Para nosotros hay un tema que se extiende a lo largo de todos los planteos de Hayek. Dicho tema es su tesis de orden espontáneo (que reelabora a su vez de la escuela escocesa –Smith, Ferguson, Hume-)1. En ocasión del debate sobre el cálculo económico, Hayek elabora con relativa claridad una teoría del mercado como proceso espontáneo que, al distinguirse claramente del modelo de competencia perfecta, comienza a diferenciar por primera vez, desde un punto de vista retrospectivo, a la escuela austríaca de otro modelos neoclásicos. Lentamente, sin tenerlo deliberadamente pensado –conjeturamos- Hayek comienza a tener una consmovisión general de otros temas en función de esa “espontaneidad” que había descubierto en ocasión de la teoría económica.

Hay que aclarar por ende que no es esta una visión de la economía que se extiende a otras áreas. Por el contrario, es una teoría del conocimiento, que a su vez fundamenta la teoría del orden espontáneo, la que se elabora desde un caso particular de la misma: la economía. Por eso subrayamos “en ocasión de”, en contraposición a “como causa de”.

Qué es el orden espontáneo (o.e.) en Hayek? El da algunas definiciones in abstracto, pero son siempre después de analizar casos concretos de o.e. En general, podríamos decir que cuando una serie de interacciones sociales lleva a un estado de cosas tal que hubiera sido imposible de planear por sólo un ser humano, estamos en un caso de espontaneidad de orden social. Para Hayek esto es básico de procesos como la moneda, el mercado, el lenguaje, la ley entendida como common law…. Y estos procesos no presuponen de ningún modo la noción de finalidad, porque “fin”, para Hayek, hace referencia a una inteligencia que planifique, lo cual es contrario a la espontaneidad del orden de estos procesos.

Estos procesos suponen un conocimiento muy limitado, tanto por parte de quienes participan en él, como por parte de quienes los estudian, como por parte de quienes intenten planificarlos. Podríamos decir entonces que el o.e. en Hayek presupone “fuertes” premisas de teoría del conocimiento. Esas premisas no son, en nuestra interpretación, un caso más de o.e., sino aquello que está presupuesto. Esto es, sobre la base del conocimiento muy limitado y disperso de quienes participan en los procesos sociales, surge la pregunta de cómo es posible algún resultado que no sea el completo caos. El o.e. es también, en ese sentido, la respuesta a esa pregunta.

El autor que más influye en esos presupuestos gnoseológicos es, en nuestra opinión, Kant, interpretado de modo tal que podríamos hablar en Hayek de un neokantismo “sui generis”. De algún modo Hayek advierte en todos nosotros ciertas pautas de comportamiento, en lo social, no aprendidas, abstractas, previas a todo contenido concreto de experiencia, que son de algún modo “a priori”. Eso explica por qué el o.e. no presupone un aprendizaje específico: al contrario, la capacidad de aprendizaje, limitada, pero contrapuesta a nuestra ignorancia total, es innata al hombre, y explica órdenes sociales dinámicos que se van “armando” solos.

De aquí en más, no es del todo difícil articular tres planos en los cuales esta idea básica se va desarrollando: el epistemológico (entendido como teoría de la ciencia); el económico y el filosófico-político. Estos planos no se van articulando en Hayek en orden sistemático o cronológico; son, al decir de Lakatos2, una “reconstrucción racional” del pensamiento de Hayek.

Nos vamos a dar el lujo de resumir dado que estos tres planos se irán analizando detenidamente a lo largo del curso. Por lo pronto vamos a tomar de ellos sólo lo indispensable a los fines de este punto.

Si el orden social es una concatenación de interacciones que va articulando espontáneamente un proceso, a lo largo del tiempo, y mediante una serie de tradiciones e instituciones, surge con relativa claridad que el científico de las ciencias sociales se encuentra como un pequeño átomo –idea después utilizada por Popper3– de una gran cadena cuyas características globales no puede visualizar “empíricamente”. Sólo puede “conjeturar a priori” el modelo general del orden en cuestión y predecir también a priori las consecuencias generales de ese orden (es eso lo que hace el economista de orientación austríaca cuando explica las características del proceso de mercado y afirma que tenderá a economizar los recursos). Esta idea básica, sobre la tarea de las ciencias sociales –de las cuales la economía es un caso en particular- está, como vemos, íntimamente ligada al o.e.: la tarea del científico social es explicar en cada caso los o.e. que entran en juego y utilizar luego una muy limitada capacidad de predicción general que podría ser contradicha por algún caso en particular. Es Popper quien había generalizado esto a todas las ciencias.

La aplicación para la teoría económica no podría ser más clara. El proceso de mercado es un o.e. Como tal, cualquier intento de planificación global lo des-ordenaría, paradójicamente, al des-articular algo clave en cualquier orden espontáneo: sistemas de información por medio de los cuales se sintetiza la poca información dispersa que hay. Y en economía, esos sintetizadores de información dispersa son los precios. Esto presupone dos cosas más. Un presupuesto institucional, la propiedad y la libre entrada, en cuyo seno los precios se forman, y un presupuesto antropológico: que habrá un aprendizaje, por parte de algunos, tal que compensará el conocimiento limitado. Por algo para Hayek el mercado es un proceso de descubrimiento.

La filosofía política de Hayek es la más difícil y desafiante en nuestra opinión, y paradójicamente la más difundida. Esas mismas instituciones donde el mercado y otros roles “circulan” son fruto de un o.e. Así, la propiedad, el common law, el gobierno limitado son fruto, podríamos decir, de otro o.e. Se entiende la oposición de Hayek a la democracia de Rousseau, o cualquier tipo de teoría de contrato social; se entiende su alineamiento dentro de la línea tradicionalista inglesa del liberalismo británico (Burke); su defensa de tradiciones sociales en competencia, pero se entienden a su vez las dificultades: sobre todo, la de aquellos liberales clásicos que afirman que el mercado y los derechos individuales resultan protegidos una vez que se ha “planificado” un pacto constitucional con arreglo a esos fines.

Dado este panorama general, qué podríamos decir sobre su relación con el c.c.? Coherentemente con lo que dijimos al principio, la relación de todo esto con el c.c. no tendría ser más que la relación que el c.c. tiene con un balance comercial. Esto es, ni sí ni no; en justicia los temas temporales son en sí opinables en relación a la Fe Católica, excepto que desde ésta se afirme que tal o cual cosa es contradictoria con esa Fe. Pero ese es el caso. Muchos católicos afirman que “Hayek”, así, en bloque, no es compatible con la Fe ni con la Doctrina Social de la Iglesia.

Entonces, como diría Sto. Tomás, hay que distinguir. Conviene hacer muchas distinciones.

En la medida que Kant sea incompatible con la armonía razón/fe del c.c., y en la medida que la teoría del conocimiento de Hayek sea kantiana, en esa medida ese aspecto del pensamiento de Hayek será incompatible con el c.c.

Reconocido esto, hay que decir, sin embargo, que la teoría del o.e. no es en sí misma neokantiana, por más que “hayekianos” y católicos piensen así (a favor unos, en contra otros). Una teoría del o.e. puede ser perfectamente compatible con la teoría de la causa final y con el realismo moderado de Sto Tomás, así también como con su teoría sobre la Providencia, que expone en la Suma Contra Gentiles4. Esa filosofía, a su vez, es perfectamente compatible con el c.c. Esto no implica, desde luego, que la teoría del o.e. se derive del pensamiento de Sto Tomás, sino que no se contradice con él, lo cual permite re-insertar a la teoría del o.e. de modo “no contradictorio” con el c.c.

Sigamos entonces nuestro planteo. Si el o.e. en Hayek tiene fuentes neokantianas, y esas fuentes llegan por ende a sus tres aplicaciones (epistemología, economía y filosofía política), entonces, una vez afirmado que el o.e. como tesis no se fundamenta necesariamente en Kant, se produce transitivamente toda una re-interpretación del pensamiento de Hayek que, sin traicionarlo, lo transforma de raíz. Una teoría del o.e. fundada en Tomás “bañará” de Sto Tomás también a sus tres aplicaciones básicas, lo cual implicará, a su vez, toda una aplicación contemporánea de tesis metafísicas de Tomás que éste ni soñaba en su tiempo.

Así, toda la epistemología de Hayek se mantiene a la vez enriquecida con una antropología filosófica que fundamenta perfectamente lo limitado del conocimiento humano; explica también su libre albedrío y da la clave de la inteligibilidad de la conducta humana en su espiritualidad, lo cual es la clave para la elaboración a priori de conjeturas sobre su conducta, depurado ese “a priori” de todo idealismo y convertido en una filosofía de la ciencia antipositivista correctamente fundada. Este tema es clave para el pensamiento católico actual, y no se ha visto lo importante que es Hayek para todo esto precisamente porque el problema de su agnosticismo metafísico neokantiano oscurece el panorama desde el principio.

De igual modo, la teoría del proceso de mercado no se deduce directamente del pensamiento de Tomás, pero sí puede presuponer perfectamente una antropología filosófica que nos habla de una persona corpóreo-espiritual, que consiguientemente tiene capacidad de aprendizaje pero limitadamente.

Por último, tampoco se deduce de Sto Tomás la teoría del common law espontáneo, pero no es contradictoria con la prudencia legislativa y la noción de derecho natural contenida en Sto Tomás. Que Hayek haya afirmado que su noción de ley no es compatible con un ordenador Providente no importa: en sí misma lo es, por más que Hayek lo haya negado.

Una enseñanza de todo esto es que cuando se reconstruye a un autor, su teoría en sí misma, como Popper diría, se independiza de él. Lo esencial de Hayek es “en sí” no contradictorio con una filosofía a su vez no contradictoria con la Fe Católica. Por ello no importa lo que Hayek y hayekianos piensen al respecto, pero tampoco importa lo que algunos católicos piensen al respecto, que ven sólo la cizaña sin separarla del trigo. Si no se hacen distinciones, todo el mundo moderno y contemporáneo es incompatible con la Fe Católica, porque pocas de las más grandes y nobles intuiciones de la modernidad fueron filosóficamente fundadas en una filosofía que pasara un examen que Ratzinger y Juan Pablo II pudieran exigir.

1 Ver Gallo, E.: “La tradición del orden social espontáneo: Adam Ferguson, David Hume y Adam Smith”, en Libertas (1987), Nro. 6, y, del mismo autor, “La ilustración escocesa”, en Estudios Públicos (1988), 30.

2 Lakatos, I.: La metodología de los programas de investigación científica [1968-69]; Alianza, Madrid, 1983.citar obra clásica de Lakatos

3 En La miseria del historicismo [1942]; Alianza, Madrid, 1973. Cap. IV.

4 Libro III, caps. 71 al 94.

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¿Es usted un malvado empresario?

Por Carroll Ríos de Rodríguez (blog personal)
23 de mayo de 2013 

¿Se siente culpable? ¿Lo han acusado de ser como Rico McPato, avaro y egoísta, o de ser uno de esos buscadores de rentas-mercantilistas, que usan los privilegios estatales para satisfacer sus intereses a costillas de los demás? ¡No todos encarnan estos estereotipos!

Por eso, considero una verdadera joya la publicación por el Pontificio Consejo “Justicia y Paz”, La vocación del líder empresarial, una reflexión (septiembre, 2012). Conjuntamente con otras dos entidades, dicho consejo pontificio organizó un seminario para evaluar cómo deben vivir la caridad los empresarios, los profesionales y los profesores universitarios; allí consensuaron este texto.

El documento contiene cuatro enunciados poderosos: 1) el trabajo profesional es vocacional, 2) el trabajo nos hace cocreadores con Dios, 3) ponemos en práctica y promovemos las virtudes dentro del mercado y la empresa, y 4) la sociedad y el Estado deben apoyar a las empresas.

“La vocación del empresario es un genuino llamamiento humano y cristiano. Difícilmente puede sobreestimarse su importancia en la vida de la Iglesia y en el mundo económico”, leemos en el punto seis del documento. Dicho de otra forma, es camino de santidad un trabajo, un negocio o una profesión cuando se vive como vocación, con sentido cristiano.

Lo que es más, la creatividad y la innovación propias de la actividad empresarial continúan desarrollando y completando “la obra del Creador”. El proceso creativo genera riqueza, es un juego de suma positiva, que no perjudica a unos para elevar a otros (40). De allí que se deba organizar la producción para lograr nuevos avances científicos y nuevas tecnologías. 

“Las empresas tienen potencial para ser una gran fuerza de bien en cualquier sociedad” (9). Una empresa bien gestionada contribuye al bienestar material y espiritual de los empleados y sus familias, porque fomenta el ejercicio de las virtudes como la justicia, la disciplina, la sabiduría y la solidaridad. Cuando los mercados están estructurados con base en la libertad, la creatividad, la verdad y la fidelidad a los compromisos, los líderes empresariales sirven al prójimo y al bien común. 

“La Iglesia reconoce el papel legítimo de la ganancia como indicador del correcto funcionamiento de la empresa. Cuando una empresa obtiene beneficios, generalmente implica que los factores de producción han sido empleados de forma correcta y que las necesidades humanas han sido satisfechas de forma apropiada” (51).

¿Qué requiere una empresa de la sociedad y del Estado, según esta reflexión? La empresa florece en un entorno que garantice “el Estado de derecho, el derecho de propiedad, la competencia libre y abierta” (36). Es más, “cuando estos elementos del bien común están ausentes o no funcionan correctamente, las empresas sufren las consecuencias”. ¡Son elementos del bien común la propiedad y la competencia libre!

La vocación del líder empresarial amerita una lectura cuidadosa. Lo encontrará aquí

Progresar o florecer

Por Carroll Ríos de Rodríguez
Fuente: CEES

El prócer estadounidense Charles Carroll, católico, rezó para que las libertades civiles y religiosas conquistadas por su revolución duraran y se difundieran a toda la familia humana. ¿Qué diría Carroll si pudiera ver el mundo actual?

¿Usted cree que los católicos solamente pueden albergar tendencias “de izquierda”? Algunas personas opinan que la redistribución del ingreso y la colectivización de la sociedad son prácticamente prescripciones cristianas. Por este motivo, desde la democracia cristiana y el social cristianismo, hasta la más radical teología de liberación, han reclutado adeptos que son creyentes. Por otra parte, algunos liberales han sido hostiles a la religión. Por estas tierras, el liberalismo à la Comte fue ferozmente anticlerical. Y son chocantes a oídos cristianos las apologías del utilitarismo, materialismo, individualismo y egoísmo.

De allí que prácticamente olvidáramos que la idea de la libertad personal emana del cristianismo. No sólo es posible, sino natural, esbozar una postura católica en favor del gobierno limitado, el mercado libre y el progreso, afirma Samuel Gregg en su nuevo libro, Tea Party Catholic. Los seres humanos, hechos a imagen de Dios, estamos llamados a emplear nuestra libertad para convertirnos en la mejor persona que podemos ser.

El título del nuevo libro de Gregg puede despistar. No describe al nuevo movimiento conservador llamado Tea Party, cuyos allegados protestan contra altos impuestos y una deuda fiscal desbordada. Tampoco es una mera radiografía de la cultura estadounidense, vista por un inmigrante australiano. Gregg espulga tres fuentes: documentos oficiales del Vaticano, ensayos por los padres fundadores de la república, y libros por católicos en la modernidad. Así, destila el particular aporte del catolicismo a una comprensión integral de la libertad.

Para un católico, libertad no significa poder hacer cualquier cosa, sino auto-gobierno. Como decía San Agustín: “el que es bueno es libre aún siendo esclavo; el que es malo, aunque sea rey, es un esclavo, y no de otro hombre, sino de tantos amos como tenga vicios.” En la encíclica Libertas (1888), el papa León XIII acota que Dios nos hizo libres, y que la libertad es el “más alto de los atributos naturales”.

Gregg alude a una pluralidad de caminos en dos planos distintos. Por un lado, habla de las múltiples vías de argumentación que sirven para justificar la libertad personal, como por ejemplo la vía católica versus la vía libertaria. Por otra parte, reconoce que cada persona debe encontrar su propio camino para florecer. Cada individuo busca la verdad y el bien, sin caer en relativismos, poniendo medios divergentes.

La libertad religiosa fue exaltada por los primeros colonos americanos, sobre todo por católicos que habían sido discriminados en la Inglaterra anglicana. El católico y padre fundador de los Estados Unidos, Charles Carroll, insistía en que la libertad religiosa no debía conducir a un indiferentismo tal que se llegara a pensar que todas las religiones eran igual de significativas o irrelevantes. Se requiere de libertad para discutir y descubrir la verdad, sin caer en violentos conflictos por causa de los desacuerdos. El Papa Benedicto XVI una vez reconoció que “el Estado mismo debe ser secular precisamente por aprecio a la religión en su autenticidad, que sólo puede ser vivida libremente.”

Los católicos podemos construir puentes, con base en principios, que unifican la defensa de la libertad religiosa, con el respeto a la libertad económica y al gobierno limitado. Un gobierno que se extralimita en sus funciones y que entrampa el funcionamiento de los mercados, elige ignorar la dignidad inherente de la persona. Además, corroe el tejido social sobre el cual descansa la sociedad libre; puede destruir o desvirtuar a la familia y corroer la moral cultural.

Artículo publicado en la revista guatemalteca Contra poder, el día viernes 08 de noviembre 2013.

Caroll Ríos de Rodríguez, es catedrática universitaria, miembro del Consejo Directivo del
CEES y escribe una columna de opinión los días viernes en la revista Contra Poder,
titulada Nota Bene.

Raíces cristianas de la propiedad

Por Carroll Ríos de Rodríguez
Para Instituto Acton Argentina
8 de Agosto de 2012

El Dr. León Gómez Rivas, profesor de la historia del pensamiento económico y de ética en la Universidad Europea de Madrid (UEM), visitó Guatemala y habló sobre la visión de la propiedad privada de la Escuela de Salamanca. La defensa de la propiedad privada es toral a la defensa de la persona y su dignidad.

La Doctrina Social de la Iglesia sostiene, que si bien el destino de la creación es para todo el género humano, la repartición de los bienes en propiedad permite al hombre dar sustento a su vida y la de sus seres queridos. La solidaridad natural entre los hombres es posible gracias a la propiedad. Más aún, el Catecismo de la Iglesia explica que la “promoción del bien común exige el respeto a la propiedad privada”. (2403) No somos dueños absolutos, sino administradores de la providencia, y beneficiamos a otros haciendo fructificar los bienes en nuestro haber.

En Defending the Free Market, el Padre Robert Sirico explica que ser dueño es entrar en una particular relación, reconocida por los demás miembros de la comunidad, con una cosa o una idea. A través de esa relación, las personas aplicamos nuestra razón y creatividad, trabajamos, y descubrimos nuestra capacidad de trascendencia.

Los autores asociados a la Escuela de Salamanca eran herederos intelectuales de Santo
Tomás de Aquino, quien argumentó que la propiedad privada era una institución moralmente neutra. Sus seguidores sostenían que la propiedad privada contribuía al bienestar general porque fomentaba la actividad económica. Luis de Molina (1535-1600) afirmó, como Aristóteles, que se cuida mejor lo propio que lo que no tiene dueño. Según el Dr. Gómez, el defensor de los derechos de los indios, Diego de Covarrubias (1512-1577), argumentó que los indios debían disponer de sus tierras y dirigir su sociedad en tanto eran personas. Se opuso a la confiscación de sus bienes y la imposición de un gobierno foráneo en las Américas. Vemos cómo Covarrubias comprendió que era importante rescatar el derecho del goce de los frutos del trabajo. A su vez, Juan de Mariana (1536-1624) escribió que se debe resguardar el derecho de propiedad privada de la coerción del Estado y de la arbitrariedad de los tiranos.

De Mariana tenía razón en preocuparse por el acaparamiento estatal; pocas cosas han hecho más daño a la humanidad que el totalitarismo colectivista. Cuando una élite política poderosa ejerce la dueñez de todos los recursos disponibles a la sociedad, se despoja de dignidad a la persona. La redistribución socialista forzosa no es sinónimo de caridad cristiana.

En un entorno que respeta y garantiza el fundamental derecho de propiedad privada,
tienden a surgir una variedad de arreglos. Las personas se pueden asociar en empresas de varios tamaños y tipos e implantar diversos estilos para administrar los recursos escasos. Incluso algunas asociaciones de personas, como ciertas comunidades religiosas, pueden acordar voluntariamente la tenencia comunal de sus particulares bienes. Es hora que los creyentes le lavemos la cara a la noble y ancestral institución de la propiedad.

Más allá de lo contingente

Entrevista a Alejandro Chafuen: una nueva aproximación científica y una antropología robusta para analizar el florecimiento humano.

Fuente: Zenit, Giovanni Patriarca – Beyond the Contingency

Roma, 22 de enero de 2014

El Dr. Alejandro Chafuen es el Presidente de la Fundación Atlas, una organización no gubernamental. La organización promueve “un mundo libre, próspero y pacífico donde el gobierno limitado defienda el Estado de derecho, la propiedad privada y el libre mercado”.

El Dr. Chafuen habló con ZENIT acerca del impacto de la Doctrina Social de la Iglesia sobre las políticas económicas.

Pregunta: En la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, el Papa Francisco subraya los riesgos de un nominalismo vacío que conduce a la atracción por el nihilismo. La respuesta a esto parece basarse en el realismo práctico y un compromiso serio –más allá de reduccionismos ideológicos– al servicio de la humanidad. ¿Cómo podemos leer esta afirmación y qué significa para nosotros?

Dr. Chafuen: Como “trabajador” en el ámbito de las ideas, los think tanks y la academia, creo que el Papa nos ofrece una valiosa advertencia: necesitamos ser mejores en conectar ideas con realidades. El Papa señala ejemplos de esta desconexión: “los purismos angélicos, los totalitarismos de lo relativo, los nominalismos declaracionistas, los proyectos más formales que reales, los fundamentalismos ahistóricos, los eticismos sin bondad, los intelectualismos sin sabiduría” (nº 231).

Tomemos por ejemplo “los purismos angélicos”. No hay aquí nada en contra de los ángeles y la pureza, sino la aceptación de seres humanos de carne y hueso luchando por vivir la pureza. Los hombres no son perfectos ángeles. Los santos han luchado en esta área. La Iglesia, en calidad de Maestra, no puede debilitar la verdad, pero como “Madre” acepta y ama a las personas que caen pero luchan. Los santos que han sido canonizados también han sufrido caídas. Sin embargo, es su lucha heroica (y la Gracia recibida) lo que los ha elevado a un plano superior. San Josemaría Escrivá de Balaguer quiso escribir un libro sobre “Los defectos de los santos”, para así apoyar el deseo de la santidad en un suelo real y no en un ideal imposible de alcanzar que se termina convirtiendo en algo vacío, lo que conduce a un “nominalismo declaracionista”.

En cuanto a la política y la economía, las áreas en las que tengo algo más de conocimiento, conviene aclarar que no existen sistemas económicos perfectos. Resulta fácil encontrar “fundamentalismos ahistóricos” en muchas culturas. Esconder información comprometedora de los héroes nacionales, la selección de los hechos históricos que convienen para así justificar nuestra propia ideología resulta una práctica común. El Papa afirma que “la realidad es más importante que la idea”, y tiene razón, no obstante las ideas son esenciales para comprender la realidad.

El Papa afirma: “Hay políticos —e incluso dirigentes religiosos— que se preguntan por qué el pueblo no los comprende y no los sigue, si sus propuestas son tan lógicas y claras. Posiblemente sea porque se instalaron en el reino de la pura idea y redujeron la política o la fe a la retórica” (nº 232). Muchos defensores de ideologías exponen teorías que están en contra de los requisitos básicos de una buena teoría (en este tema me gusta particularmente un texto de Christensen & Raynor), no explican qué causa un resultado, simplemente se limitan a describir atributos asociados empíricamente con ese resultado, seleccionando las estadísticas que se acomodan a las conclusiones que previamente tienen sobre la materia. Una parte afirma que “los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres” y la otra que “cuanto más libre es una economía mayor riqueza podrán generar las personas”. Las dos afirmaciones pueden ser verdaderas, dependiendo de las circunstancias. Una buena teoría económica y política es contingente respecto de las circunstancias. Además, como explican Christenson & Raynor, las buenas teorías responden a la pregunta: “¿Qué pasa cuando las teoría fracasa en explicar la realidad?” Tanto la derecha como la izquierda tienden a ignorar este principio. Muchos socialistas afirman que el socialismo no ha fracasado, el problema eran los líderes corruptos que violaron los principios del socialismo. Algunos en la derecha, por su parte, presentan sus argumentos de modo similar, si señalas a un capitalista que busca los favores o los privilegios del poder político, afirman: “no es un verdadero capitalista”.

Respecto de la economía, por ejemplo, el Papa ha tenido la experiencia de la realidad argentina. La buena ciencia social debe concentrarse no en lo aparente, en “lo que se ve”, como decía el economista católico Frederic Bastiat (1801-1850), sino en lo que no se ve. Y es en este ámbito de explicaciones donde resulta difícil alcanzar el deseo del Papa Francisco de trabajar para que se logre reemplazar el nominalismo formalista por una “objetividad armoniosa”. Hoy en día existe una objetividad armoniosa de que, en contra de las apariencias, la tierra gira alrededor del sol. En la medida en que la realidad económica y política es interpretada de modos muy contrapuestos, incluso entre académicos laureados con el premio Nobel en una misma disciplina, como sucede en la economía, esta armonía va a ser muy difícil de lograr.

Pregunta: La Doctrina Social de la Iglesia es un instrumento muy poderoso para analizar los problemas económicos desde una perspectiva ética, sin ignorar el marco personal y antropológico que subyacente en toda decisión política. ¿A qué desafíos se enfrenta actualmente la DSI en un contexto de cambio epocal a nivel geopolítico, cultural y social?

Dr. Chafuen: El mayor desafío que enfrenta la Doctrina Social de la Iglesia es la presencia predominante de concepciones erróneas acerca de la persona humana. Algunos consideran a los seres humanos como una colección de sustancias químicas, otros, como meros individuos, dejando a un lado el plano de la realidad espiritual. La Iglesia, y todos los que somos ministros por el bautismo, debemos ser maestros referentes en cuanto a la verdad y la riqueza de lo que significa ser humano. Aprender a comunicar esto con acciones y palabras es otro desafío mayúsculo. El Papa Francisco, con su nuevo estilo, casi apareciendo como mundano, especialmente si se lo compara con su predecesor, ha sorprendido al mundo.

Las dos instituciones básicas de una sociedad libre, la propiedad privada y la familia, que tienen un lugar importante en la doctrina social, están también bajo ataque. El crecimiento del poder geopolítico de los BRIC (Brasil, Rusia, India y China), donde algunas estructuras capitalistas coexisten con altos niveles de corrupción, está suponiendo un desafío para la noción de Estado de derecho e imperio de la ley (rule of law). Esto, a su vez, alimenta la idea de que el beneficio a toda costa es lo único que cuenta, independientemente de los costos humanos.

El crecimiento del tamaño del gobierno, que en la mayoría de los países es tres veces más grande que hace un siglo, es otro desafío de envergadura. El Estado ha crecido como un proveedor de servicios y el llamado “Estado de bienestar”, especialmente en algunos países de Europa, ha debilitado el sentido de responsabilidad y solidaridad. El modelo del buen samaritano ha sido reemplazado por el modelo de los buenos burócratas y tecnócratas.

Otro desafío lo constituye el agresivo ataque contra la familia y el esfuerzo de los gobiernos por redefinir las instituciones sociales. Las familias han sido los mejores ministerios de bienestar. Los niños que son criados la mayor parte de su vida con el mismo padre y madre tienen mejores pronósticos en cuanto a florecimiento humano. Esto es una realidad contundente que la dictadura del relativismo intenta esconder. En la medida en que los seres humanos tienen necesidades sociales, si las familias siguen siendo destruidas, cabe pensar que será el Estado el que ocupe ese lugar.

Existe además un desafío ad intra, bien expresado en la Gaudium et spes (nº 36) que deplora “ciertas actitudes que, por no comprender bien el sentido de la legítima autonomía de la ciencia, se han dado algunas veces entre los propios cristianos; actitudes que, seguidas de agrias polémicas, indujeron a muchos a establecer una oposición entre la ciencia y la fe”. Creer que la Doctrina Social de la Iglesia pueda estar enseñando una doctrina económica falsa puede terminar poniendo en tela de juicio la credibilidad de su doctrina no sólo en temas económicos sino también en otras áreas donde la Iglesia tiene más conocimiento y autoridad. La DSI necesita estar actualizada e incorporar todos los avances reconocidos en las ciencias “exactas” y en las ciencias sociales.

Pregunta: Usted es el autor de un famoso libro Economía y ética: Raíces cristianas de la economía de libre mercado. ¿En qué medida pueden los autores de la segunda escolástica ayudarnos a encontrar mejores soluciones para una sociedad libre y floreciente, a la luz del bien común, la ley natural y la dignidad humana?

Dr. Chafuen: El mérito del libro Economía y ética (última edición Raíces Cristianas de la Economía de Libre Mercado, Fundación Progreso-Instituto ResPublica, Santiago, Chile, 2013) se debe en realidad a la lucidez de la segunda escolástica, investigadores en el tránsito de la edad media a la edad moderna que llevaron la indagación racional, iluminada por la fe, al máximo nivel que pudieron. Existen once ediciones del libro, publicado en varios idiomas. La primera vez que me sumergí en la lectura de los escritos económicos de los autores de la segunda escolástica, en la Pontificia Universidad Católica Argentina, yo era un individualista extremo. Mi visión de la persona humana se enriqueció enormemente gracias a la lectura de docenas de libros de filosofía moral, filosofía del derecho, teología, y manuales de confesores. Mi aspiración era escribir un libro sobre cada uno de los temas económicos y sociales que abordaban estos moralistas y que aparecen en capítulos de mi libro.

Estos autores me enseñaron que una economía libre, en el contexto de un marco jurídico respetuoso de la dignidad humana, era completamente consistente con la doctrina y el amor cristianos. También aprendí que estos teólogos ejercieron una gran influencia en el desarrollo de la economía de una sociedad libre en áreas tan diversas como la propiedad privada, el libre comercio, la moneda y muchas otras. Solamente sus enseñanzas sobre el interés parecían ir un tanto a contrapelo de la libertad.

Los escritos de los teólogos de la segunda escolástica ejercieron fuerte influencia sobre los grandes economistas escoceses y europeos, quienes vendrían a generar el clima intelectual que propició el gran salto en el desarrollo económico que se produjo hacia fines del siglo XIX. A comienzos de ese siglo, en Occidente había un elevado grado de consenso en lo que se refiere a la persona humana. La persona humana era concebida como una criatura de Dios, social, espiritual, racional, libre e individual. Cuando hacia fines del siglo XIX y principios del XX la persona humana empezó a ser vista como un mero individuo, un número, una cosa (a fact), se produjo la expansión del colectivismo. En un juego de números, los muchos ganan. Es por esto por lo que hemos podido ver el crecimiento de un colectivismo cruel en el siglo XX. Necesitamos nuevos escolásticos que lleven la mejor ciencia económica y la mejor ciencia social a las aulas, al púlpito, a las empresas y a las instituciones de la sociedad civil. Al permanecer leales a la verdad de lo que es la persona humana y lo que es el saber científico sólido, sus enseñanzas deberían conducir al florecimiento de la sociedad. Los católicos necesitan abocarse más a la tarea de convertirse en  los mejores profesionales, académicos, científicos, y hombres de negocios; y en impregnar la cultura con una antropología rigurosa y con una actitud de apertura genuina hacia el prójimo. Sin embargo, para convertir todo esto en una realidad, necesitaremos enfrentar y superar los desafíos mencionados en las preguntas anteriores.

Nota: La traducción del artículo original “Beyond Contingency”, publicado por Zenit, el 22 de enero de 2014 es de Mario Šilar del Instituto Acton Argentina/Centro Diego de Covarrubias para el Acton Institute.