Hayek, el cristianismo y el esquema global de su pensamiento

Por Gabriel J. Zanotti

De Introducción filosófica al pensamiento de Hayek (UFM/Unión Editorial, 2003), cap. 1.

El tema de Hayek y el cristianismo es muy delicado por la gran cantidad de cuestiones involucradas. En primer lugar debe decirse que este tema puede ser abordado desde muchos puntos de vista y objetivos. El nuestro es mostrar dónde puede haber choques entre “el/los” planteo/s de Hayek con el cristianismo católico y dónde no. El “dónde no” deja abierta una posibilidad de diálogo de tipo no clerical. Esto es, allí donde el pensamiento de Hayek no se contradiga con el cristianismo católico (cc), ello no implica que ese punto se pueda afirmar desde el cc. Alguien puede ser partidario de la teoría del ciclo de Hayek, no contradecirse por ello con el cc y ello no implica que dicha teoría se “infiere” del cc.

En segundo lugar debe aclararse cuál es el eje central de nuestra interpretación de Hayek.

Para nosotros hay un tema que se extiende a lo largo de todos los planteos de Hayek. Dicho tema es su tesis de orden espontáneo (que reelabora a su vez de la escuela escocesa –Smith, Ferguson, Hume-)1. En ocasión del debate sobre el cálculo económico, Hayek elabora con relativa claridad una teoría del mercado como proceso espontáneo que, al distinguirse claramente del modelo de competencia perfecta, comienza a diferenciar por primera vez, desde un punto de vista retrospectivo, a la escuela austríaca de otro modelos neoclásicos. Lentamente, sin tenerlo deliberadamente pensado –conjeturamos- Hayek comienza a tener una consmovisión general de otros temas en función de esa “espontaneidad” que había descubierto en ocasión de la teoría económica.

Hay que aclarar por ende que no es esta una visión de la economía que se extiende a otras áreas. Por el contrario, es una teoría del conocimiento, que a su vez fundamenta la teoría del orden espontáneo, la que se elabora desde un caso particular de la misma: la economía. Por eso subrayamos “en ocasión de”, en contraposición a “como causa de”.

Qué es el orden espontáneo (o.e.) en Hayek? El da algunas definiciones in abstracto, pero son siempre después de analizar casos concretos de o.e. En general, podríamos decir que cuando una serie de interacciones sociales lleva a un estado de cosas tal que hubiera sido imposible de planear por sólo un ser humano, estamos en un caso de espontaneidad de orden social. Para Hayek esto es básico de procesos como la moneda, el mercado, el lenguaje, la ley entendida como common law…. Y estos procesos no presuponen de ningún modo la noción de finalidad, porque “fin”, para Hayek, hace referencia a una inteligencia que planifique, lo cual es contrario a la espontaneidad del orden de estos procesos.

Estos procesos suponen un conocimiento muy limitado, tanto por parte de quienes participan en él, como por parte de quienes los estudian, como por parte de quienes intenten planificarlos. Podríamos decir entonces que el o.e. en Hayek presupone “fuertes” premisas de teoría del conocimiento. Esas premisas no son, en nuestra interpretación, un caso más de o.e., sino aquello que está presupuesto. Esto es, sobre la base del conocimiento muy limitado y disperso de quienes participan en los procesos sociales, surge la pregunta de cómo es posible algún resultado que no sea el completo caos. El o.e. es también, en ese sentido, la respuesta a esa pregunta.

El autor que más influye en esos presupuestos gnoseológicos es, en nuestra opinión, Kant, interpretado de modo tal que podríamos hablar en Hayek de un neokantismo “sui generis”. De algún modo Hayek advierte en todos nosotros ciertas pautas de comportamiento, en lo social, no aprendidas, abstractas, previas a todo contenido concreto de experiencia, que son de algún modo “a priori”. Eso explica por qué el o.e. no presupone un aprendizaje específico: al contrario, la capacidad de aprendizaje, limitada, pero contrapuesta a nuestra ignorancia total, es innata al hombre, y explica órdenes sociales dinámicos que se van “armando” solos.

De aquí en más, no es del todo difícil articular tres planos en los cuales esta idea básica se va desarrollando: el epistemológico (entendido como teoría de la ciencia); el económico y el filosófico-político. Estos planos no se van articulando en Hayek en orden sistemático o cronológico; son, al decir de Lakatos2, una “reconstrucción racional” del pensamiento de Hayek.

Nos vamos a dar el lujo de resumir dado que estos tres planos se irán analizando detenidamente a lo largo del curso. Por lo pronto vamos a tomar de ellos sólo lo indispensable a los fines de este punto.

Si el orden social es una concatenación de interacciones que va articulando espontáneamente un proceso, a lo largo del tiempo, y mediante una serie de tradiciones e instituciones, surge con relativa claridad que el científico de las ciencias sociales se encuentra como un pequeño átomo –idea después utilizada por Popper3– de una gran cadena cuyas características globales no puede visualizar “empíricamente”. Sólo puede “conjeturar a priori” el modelo general del orden en cuestión y predecir también a priori las consecuencias generales de ese orden (es eso lo que hace el economista de orientación austríaca cuando explica las características del proceso de mercado y afirma que tenderá a economizar los recursos). Esta idea básica, sobre la tarea de las ciencias sociales –de las cuales la economía es un caso en particular- está, como vemos, íntimamente ligada al o.e.: la tarea del científico social es explicar en cada caso los o.e. que entran en juego y utilizar luego una muy limitada capacidad de predicción general que podría ser contradicha por algún caso en particular. Es Popper quien había generalizado esto a todas las ciencias.

La aplicación para la teoría económica no podría ser más clara. El proceso de mercado es un o.e. Como tal, cualquier intento de planificación global lo des-ordenaría, paradójicamente, al des-articular algo clave en cualquier orden espontáneo: sistemas de información por medio de los cuales se sintetiza la poca información dispersa que hay. Y en economía, esos sintetizadores de información dispersa son los precios. Esto presupone dos cosas más. Un presupuesto institucional, la propiedad y la libre entrada, en cuyo seno los precios se forman, y un presupuesto antropológico: que habrá un aprendizaje, por parte de algunos, tal que compensará el conocimiento limitado. Por algo para Hayek el mercado es un proceso de descubrimiento.

La filosofía política de Hayek es la más difícil y desafiante en nuestra opinión, y paradójicamente la más difundida. Esas mismas instituciones donde el mercado y otros roles “circulan” son fruto de un o.e. Así, la propiedad, el common law, el gobierno limitado son fruto, podríamos decir, de otro o.e. Se entiende la oposición de Hayek a la democracia de Rousseau, o cualquier tipo de teoría de contrato social; se entiende su alineamiento dentro de la línea tradicionalista inglesa del liberalismo británico (Burke); su defensa de tradiciones sociales en competencia, pero se entienden a su vez las dificultades: sobre todo, la de aquellos liberales clásicos que afirman que el mercado y los derechos individuales resultan protegidos una vez que se ha “planificado” un pacto constitucional con arreglo a esos fines.

Dado este panorama general, qué podríamos decir sobre su relación con el c.c.? Coherentemente con lo que dijimos al principio, la relación de todo esto con el c.c. no tendría ser más que la relación que el c.c. tiene con un balance comercial. Esto es, ni sí ni no; en justicia los temas temporales son en sí opinables en relación a la Fe Católica, excepto que desde ésta se afirme que tal o cual cosa es contradictoria con esa Fe. Pero ese es el caso. Muchos católicos afirman que “Hayek”, así, en bloque, no es compatible con la Fe ni con la Doctrina Social de la Iglesia.

Entonces, como diría Sto. Tomás, hay que distinguir. Conviene hacer muchas distinciones.

En la medida que Kant sea incompatible con la armonía razón/fe del c.c., y en la medida que la teoría del conocimiento de Hayek sea kantiana, en esa medida ese aspecto del pensamiento de Hayek será incompatible con el c.c.

Reconocido esto, hay que decir, sin embargo, que la teoría del o.e. no es en sí misma neokantiana, por más que “hayekianos” y católicos piensen así (a favor unos, en contra otros). Una teoría del o.e. puede ser perfectamente compatible con la teoría de la causa final y con el realismo moderado de Sto Tomás, así también como con su teoría sobre la Providencia, que expone en la Suma Contra Gentiles4. Esa filosofía, a su vez, es perfectamente compatible con el c.c. Esto no implica, desde luego, que la teoría del o.e. se derive del pensamiento de Sto Tomás, sino que no se contradice con él, lo cual permite re-insertar a la teoría del o.e. de modo “no contradictorio” con el c.c.

Sigamos entonces nuestro planteo. Si el o.e. en Hayek tiene fuentes neokantianas, y esas fuentes llegan por ende a sus tres aplicaciones (epistemología, economía y filosofía política), entonces, una vez afirmado que el o.e. como tesis no se fundamenta necesariamente en Kant, se produce transitivamente toda una re-interpretación del pensamiento de Hayek que, sin traicionarlo, lo transforma de raíz. Una teoría del o.e. fundada en Tomás “bañará” de Sto Tomás también a sus tres aplicaciones básicas, lo cual implicará, a su vez, toda una aplicación contemporánea de tesis metafísicas de Tomás que éste ni soñaba en su tiempo.

Así, toda la epistemología de Hayek se mantiene a la vez enriquecida con una antropología filosófica que fundamenta perfectamente lo limitado del conocimiento humano; explica también su libre albedrío y da la clave de la inteligibilidad de la conducta humana en su espiritualidad, lo cual es la clave para la elaboración a priori de conjeturas sobre su conducta, depurado ese “a priori” de todo idealismo y convertido en una filosofía de la ciencia antipositivista correctamente fundada. Este tema es clave para el pensamiento católico actual, y no se ha visto lo importante que es Hayek para todo esto precisamente porque el problema de su agnosticismo metafísico neokantiano oscurece el panorama desde el principio.

De igual modo, la teoría del proceso de mercado no se deduce directamente del pensamiento de Tomás, pero sí puede presuponer perfectamente una antropología filosófica que nos habla de una persona corpóreo-espiritual, que consiguientemente tiene capacidad de aprendizaje pero limitadamente.

Por último, tampoco se deduce de Sto Tomás la teoría del common law espontáneo, pero no es contradictoria con la prudencia legislativa y la noción de derecho natural contenida en Sto Tomás. Que Hayek haya afirmado que su noción de ley no es compatible con un ordenador Providente no importa: en sí misma lo es, por más que Hayek lo haya negado.

Una enseñanza de todo esto es que cuando se reconstruye a un autor, su teoría en sí misma, como Popper diría, se independiza de él. Lo esencial de Hayek es “en sí” no contradictorio con una filosofía a su vez no contradictoria con la Fe Católica. Por ello no importa lo que Hayek y hayekianos piensen al respecto, pero tampoco importa lo que algunos católicos piensen al respecto, que ven sólo la cizaña sin separarla del trigo. Si no se hacen distinciones, todo el mundo moderno y contemporáneo es incompatible con la Fe Católica, porque pocas de las más grandes y nobles intuiciones de la modernidad fueron filosóficamente fundadas en una filosofía que pasara un examen que Ratzinger y Juan Pablo II pudieran exigir.

1 Ver Gallo, E.: “La tradición del orden social espontáneo: Adam Ferguson, David Hume y Adam Smith”, en Libertas (1987), Nro. 6, y, del mismo autor, “La ilustración escocesa”, en Estudios Públicos (1988), 30.

2 Lakatos, I.: La metodología de los programas de investigación científica [1968-69]; Alianza, Madrid, 1983.citar obra clásica de Lakatos

3 En La miseria del historicismo [1942]; Alianza, Madrid, 1973. Cap. IV.

4 Libro III, caps. 71 al 94.

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Entrevista con Gabriel Zanotti

PUBLICADO POR  ⋅ 09/03/2014

 

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El Dr. Gabriel J. Zanotti nació en Buenos Aires, Argentina en 1960. Realizo sus estudios de Filosofía en la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), 1984. Obtuvo en Doctorado en Filosofía por la Universidad Católica Argentina (UCA), 1990. Es Miembro del Departamento de Investigaciones de la Fundación Hayek; Director Académico del Instituto Acton Argentina. [1]

NF: Doctor ¿Por qué filosofía?

 GZ: Fue mi vocación desde los 16 años, cuando quedé sanamente atrapado en el tema de la existencia de Dios. La filosofía era el camino para ese tema.

NF: ¿Qué encontró en ella que le sería de herramienta para lograr sus objetivos?

 GZ: Bueno, la filosofía era el objetivo en sí misma. Por supuesto que se planteó el típico problema de mi futuro en un país como Argentina pero mi padre, a pesar de que era consciente de los riesgos, me apoyó firmemente.

NF: ¿Cómo se topó con la Praxeología y en qué momento se dio cuenta de que era el mejor método para describir y pronosticar la acción humana?

GZ: Comencé con preocupaciones sociales desde los 13, y a los 14 mi padre me recomendó ir a verlo a Enrique Loncán, que había estudiado con Mises en el 64. Así fue mi primer contacto con la Escuela Austríaca, con Mises y, por supuesto, con la praxeología. Apenas comencé a estudiar filosofía con los dominicos en 1979, me di cuenta de que la antropología filosófica de Santo Tomás era el mejor fundamento para la praxeología que yo había leído en Mises.

NF: Con respecto a la Praxeología. ¿Qué opina sobre el siguiente fragmento de Mario Bunge en su libro “Las ciencias sociales en discusión”? :

“En conclusión, la escuela austríaca ha sido intelectualmente estéril desde su origen. No propone ningún proyecto de investigación y, paradójicamente para una pretendida teoría de la acción, tampoco curso alguno de acción social, excepto, desde luego, el viejo laissez-faire. No es otra cosa que un pedazo oxidado de la armadura conservadora. Este fracaso intelectual debería servir como advertencia: es fútil escribir sobre la acción sin estudiar acciones reales ni abordar algunos genuinos problemas abiertos de la acción – y la inacción- individual y colectiva”

GZ: Mario Bunge conoce del método hipotético-deductivo, pero me parece que, sencillamente, desde su horizonte neopositivista no logró entender nada de la Escuela Austríaca. La acción humana en la EA está ligada esencialmente al orden espontáneo, y eso es lo que Bunge rechaza, por un fuerte preconcepto ideológico.

NF: Ahora, hay una cuestión que muy pocos podemos entender con clareza. Básicamente ¿En qué consiste el paradigma de la información?

GZ: Lo resumo así: en suponer que el conocimiento es una especie de programa de computadora que se instala en un sujeto que pasivamente lo recibe y lo repite. Como en la película Matrix. Pero, precisamente, el ser humano no es eso, sino entender, esto es, saber el por qué. La información es la grabación física de un mensaje, ya sea en papiro, papel o silicio, el conocimiento es la capacidad de leer, decodificar, interpretar ese mensaje. Esto es muy importante para la Escuela Austríaca porque si no, no se comprende lo que hace el agente falible en el mercado: precisamente, leer, interpretar, ese mensaje que llamamos precio.

NF: ¿Considera usted al positivismo lógico como una amenaza para la ciencia? ¿Por qué?

GZ: Por supuesto, porque coloca a la ciencia en un nivel de certeza que no tiene y en un nivel de exclusión de otros saberes como legítimos para la naturaleza humana. Ello provocó la reacción de Popper, Kuhn, Lakatos y Feyerabend. El neopositivismo sería imposible si el mensaje de esos autores se comprendiera más. Su persistencia cultural se debe a que gran parte de personas se aferra a la ciencia como lo único que les queda en un mundo secularizado que ha perdido cualquier referencia al sentido de la vida humana.

NF: ¿Cuál es el problema que ha resuelto la praxeología?

GZ: Nada más ni nada menos, las bases antropológico-filosóficas para poder afirmar que la acción humana es siempre una falible selección de medios en torno a una escala subjetiva de fines, lo cual permite enfocar correctamente el problema económico, esto es, cómo los agentes falibles tienden a la coordinación entre sí.

NF: ¿Cómo toma la sociedad intelectual la praxeología?

GZ: En general no se la entiende porque si se rechaza ideológicamente a la EA, no se quiere saber nada con ella. Ahora bien, los que se entusiasman con el libre mercado respetan a Mises, pero sin terminar de entender tampoco la importancia de su praxeología, hasta que no se profundiza un poco más en filosofía y epistemología de la economía.

NF: En la vida cotidiana ¿Cómo la praxeología puede verse graficada?

GZ: En la noción intuitiva de costo de oportunidad. Apenas una persona se da cuando de que siempre está optando por un curso de acción y no por otro, y que este último tiene un valor, advierte el proceso de economizar ínsito en toda acción humana.

NF: Para el hombre ¿Qué beneficios le trae consigo seguir los principios praxeológicos?

GZ: Bueno, para la vida cotidiana no es una doctrina a seguir; toda persona se comporta en los cánones que luego la praxeología desarrolla teoréticamente.

NF: ¿Por qué la Escuela Austriaca de Economía tiene ventaja en comparación con las de las otras escuelas de economía?

GZ: Sencillamente porque ha captado mejor que otras la esencia del problema económico: cómo los agentes coordinan a partir de conocimiento disperso. Eso es lo que lleva ipso facto a comprender la función de los precios en un mercado libre y a comprender por qué cualquier acción supuestamente correctiva del gobierno elimina la acción coordinadora de los precios.

NF: Finalmente ¿Qué le puede decir a IAL  para que mejore en su proyecto de generar una cultura de libertad?

GZ: Estudien mucho, estén muy preparados; estudien mucho a Mises, Hayek, Rothbard, Kirzner y Buchanan, tomen de ellos todo lo bueno y no se pierdan en los debates cuasi-religiosos sobre qué autor es “el mejor Austríaco”. Después, entrenen su fortaleza ética, porque defender la libertad en estos tiempos tiene un alto costo personal y académico. Por último estén abiertos al diálogo con todos, y con los que tengan que tomar las decisiones, sobre todo.

Entrevista exclusiva para el Instituto Acción Liberal.

Agradecemos infinitamente a Gabriel Zanotti por la entrevista concedidas en aras de promover los principios que nos enmarcan.


[1] Profesor titular de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de Filosofía de las Ciencias en la UNSTA. Profesor de Metafísica en la UNSTA (con licencia 2008). Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Titular (dedicación simple) de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Profesor de razonamiento moral en la Maestría de Conducción Política del CEMA. Profesor de Lógica y Filosofía de la Ciencias en la Carrera de Ingeniería Informática del CEMA.

Autor de números artículos, ensayos y libros como: Introducción a la Escuela Austríaca de Economía (Centro de Estudios sobre la Libertad), Buenos Aires, 1981. Economía de Mercado y Doctrina Social de la Iglesia (Ed. de Belgrano, Buenos Aires, 1985). Segunda edición: Ediciones Cooperativas, Buenos Aires, 2005. Filosofía para no filósofos (Ed. de Belgrano, Buenos Aires, 1987). El humanismo del futuro (Ed. de Belgrano, Buenos Aires, 1989). Segunda edición, Ediciones Cooperativas, Buenos Aires, 2007. Popper: búsqueda con esperanza (Ed. de Belgrano, Buenos Aires, 1993). Filosofía para los amantes del cine (JC Ediciones, Buenos Aires, 1996)  Epistemología da economía (Pontificia Universidad Católica do Rio Grande do Sul, Porto Alegre, 1997). En castellano: El método de la economía política, Ediciones Cooperativas, Buenos Aires, 2004. El fundamento último de la esperanza humana (Centro de Estudios Institucionales, Buenos Aires, 1999). Nueva introducción a la escuela austríaca de economía; Buenos Aires, Marzo de 2001. Edición on line en Libronauta. Introducción filosófica a Hayek (Universidad Francisco Marroquín, Unión Editorial, Guatemala/Madrid, 2003). Filosofía para filósofos (Universidad Francisco Marroquín, Unión Editorial, Guatemala/Madrid, 2003). Fundamentos filosóficos y epistemológicos de la praxeología, Unsta, Tucumán, 2004. Hacia una hermenéutica realista (Austral, Buenos Aires, 2005). Filosofía para mí (Un libro altruista a pesar de todo); Ediciones Cooperativas, Buenos Aires, 2007. En colaboración: Elementos de Economía Política; La Ley, Buenos Aires, 2007, con Martín Krause y Adrián Ravier. Documentos de trabajo: Crisis de la razón y crisis de la democracia, en UCEMA, Febrero 2008, Nro. 370