NO pienso, luego existo, la clave del sistema educativo formal-positivista

Por Gabriel Zanotti

Para la revista estudiantil de la Universidad Austral (a confirmar 1996).

Pienso, luego existo

“El título no es original, pero tiene un sentido. Ya veremos cuál. ¿Qué sucede en la “vida universitaria” cuando alumno y profesor piensan distinto? Es una pregunta cuya respuesta excede totalmente el poco espacio que tenemos. Pero trataremos de decir algo.

Una relación de profesor a alumno es una relación de igualdad. Aunque suene escandaloso, lo anterior se funda en que ambos son personas con igual dignidad. Si el profesor es superior en algo al alumno, lo será por méritos morales e intelectuales. En ese orden. Esos méritos fundan la verdadera autoridad.

Mi padre me enseñaba que si se niega la libertad de negar, no se otorga la capacidad de aprender. Ello suena extraño, excepto que se comprenda que cualquier tradición sólo puede ser aceptada con madurez, y por ende perfeccionada, si se la ha aceptado libremente. Con la sola fuerza de la verdad y no con la mentira de la sola fuerza.

Profesores y alumnos deben comprenderse mutuamente: ponerse mutuamente en el lugar del otro. Los profesores debemos entender que el alumno es una persona cuya inteligencia lo lleva a cuestionar sanamente. Que las preguntas abren el camino al diálogo, en clase o en horario de consulta, y que sólo el diálogo es el modo humano de llegar a la verdad. El diálogo no funda la verdad, pero es su camino. Y todo profesor en serio debe saber distinguir la sana inquietud de una injustificada rebeldía.

El alumno, a su vez, debe entender que el profesor está permanentemente en el equilibrio entre la didáctica y la exactitud, que sólo unos segundos de clase pueden haberle llevado toda una vida de reflexión y pensamiento, y que hay ciertas cuestiones muy delicadas que no pueden ser respondidas en un minuto por más malabarismos didácticos que se hagan.

El profesor tiene derecho a exigir al alumno el conocimiento de la tradición enseñada. Pero no está de más que el alumno exprese, además, su opinión, para que de ese modo su derecho a la ausencia de coacción quede respetado. Y para que los profesores nos llevemos varias y buenas sorpresas.

En una universidad es malo, muy malo, que los alumnos piensen: “si pienso, no existo”. El pensamiento fructifica en el diálogo. Sin pensamiento, puede haber ser, pero no puede haber universidad.”

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La universidad pública, donde los pobres subsidian a los ricos, es un modelo que no se aplica ni en Cuba

Gabriel C. Salvia

Por Gabriel C. Salvia
21 de septiembre de 2011
BUENOS AIRES, set 21 (DyN).- Prensa latina, la Agencia Oficial de noticias de Cuba, emitió un Despacho muy revelador fechado con el categórico título “Cuba ajusta ingreso universitario a necesidades de la economía”. De los 150 mil aspirantes a centros de altos estudios en Cuba se limita el ingreso a unos 100 mil, pues según lo manifestado por un funcionario del Ministerio de Educación Superior de Cuba, “el que aprueba tiene más posibilidades de éxito en la carrera escogida”. La referencia sobre Cuba indica que algo hay que cambiar en la política universitaria argentina, salvo que hasta los castristas sean considerados de derecha.
 

BUENOS AIRES, set 21 (DyN).- En la Argentina no se discute ni siquiera sobre lo que sucede en materia educativa en un país tan frívolamente admirado por los estudiantes universitarios locales.

Al respecto, Prensa latina, la Agencia Oficial de noticias de Cuba, emitió un Despacho muy revelador fechado en La Habana el 8 de abril del 2010 a las 14,15 horas, con el categórico título “Cuba ajusta ingreso universitario a necesidades de la economía”.

La noticia, que seguramente pasó por todos los filtros del caso, comenzaba señalando que “Autoridades educacionales cubanas anunciaron hoy que el ingreso a carreras universitarias estará en correspondencia con las necesidades de la economía y previeron para el ciclo 2010-2011 una disminución en relación con años anteriores”.

El Despacho de la agencia oficial destacaba que se otorgarán 100 mil plazas, adelantando que “cifras preliminares dan cuenta que para este año deben presentarse a exámenes de ingreso de 140 a 150 mil aspirantes a centros de altos estudios”.

Al respecto, el director de Ingreso y Ubicación Laboral del Ministerio de Educación Superior de Cuba, René Sánchez tendría que ser acusado por los jóvenes argentinos de conservador derechista, luego de señalar que “una de las novedades para este año académico es que los candidatos deben obtener al menos 60 de 100 puntos en matemáticas, lengua española e historia de Cuba para poder acceder a la enseñanza superior”.

Otras expresiones interesantes que deberían provocar una encendida protesta de las organizaciones estudiantiles y aún una manifestación frente a la embajada del país revolucionario ubicada en el coqueto barrio porteño de Belgrano, es que en Cuba “es requisito demostrar las competencias para acceder a esa enseñanza” pues, según lo manifestado por el funcionario cubano, “el que aprueba tiene más posibilidades de éxito en la carrera escogida”.

La referencia sobre Cuba indica que algo hay que cambiar en la política universitaria argentina, salvo que hasta los castristas sean considerados de derecha.

Precisamente, como “de derecha” fue calificada Camila Vallejo, la joven líder de las protestas estudiantiles en Santiago, vinculada al Partido Comunista de Chile, por hablar de “oferta y demanda en la educación”.

El mote se lo aplicó una estudiante argentina vinculada al sector más moderado de las agrupaciones políticas en “La Siberia”, como se conoce a la sede en la que se encuentra la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), durante una charla del analista político Patricio Navia sobre “Radiografía del descontento actual en Chile”.

Para la estudiante rosarina, en la Argentina es inconcebible hablar como lo hizo Camila, pues aquí la universidad pública gratuita y de ingreso irrestricto “es un derecho”. Y no hay dudas que tiene razón, al señalar los límites al debate que existen en la Argentina sobre la universidad pública.

Es que un hecho tan obvio, como que los sectores más bajos subsidien a los sectores medios y altos es un tema que en la Argentina no admite cuestionamientos. En especial, porque una mayoría silenciosa que cursa en la universidad pública se guarda sus pensamientos.

Pero para intentar aclarar lo obvio, el Diccionario de la Real Academia Española brinda la siguiente definición de pobre: “Necesitado, que no tiene lo necesario para vivir”. Por lo tanto, ¿puede alguien pobre ir a la Universidad?

Corresponde plantearse entonces si alguien que puede pagarse un blackberry –entre ellos, varios de los estudiantes de una universidad nacional y popular como “La Siberia”- o movilizarse en un automóvil moderno, tienen “derecho” a que la sociedad en su conjunto –incluyendo a los sectores de menores recursos que pagan IVA en sus compras de alimentos básicos- le subsidie su educación superior.

O inclusive interrogarse si no existen otras prioridades socialmente más urgentes para asignar los recursos con los cuales actualmente se beneficia a un grupo privilegiado.

Estas cuestiones irrefutables no significan cuestionar la existencia de la universidad pública, sino su característica de ingreso irrestricto y sin costo alguno por parte de todos los estudiantes.

La universidad pública sí puede brindar mayores facilidades que las privadas otorgando becas, tanto a los estudiantes de menores ingresos como a aquellos que registran un desempeño académico sobresaliente y hasta ofrecer carreras cuyo auto-financiamiento es inviable, por lo cual requiere ser subsidiada.

Lo contradictorio es que por el bajo nivel académico de las carreras de grado, la misma universidad pública arancele las carreras o especializaciones de posgrados.

Sin embargo, algo tan elemental y justo no puede debatirse en la Argentina, entre otros motivos porque la mayoría de las agrupaciones estudiantiles, principalmente las de la izquierda autoritaria e irrealista –cuyas ideas no se aplican ni en el “paraíso” cubano- controlan los centros estudiantiles e impiden el libre intercambio democrático de ideas.

Gabriel C. Salvia es Director General del Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (CADAL).

La empresa y la opción por los pobres

 

 Por Samuel Gregg

Al igual que sucede con la idea de “justicia social”, la expresión “opción preferencial por los pobres” es parte del lexicon católico. Algunos utilizan el frase para insistir en la aplicación de políticas económicas de corte intervencionista. El Magisterio Social de la Iglesia católica, sin embargo, conduce a conclusiones más matizadas –tanto a nivel económico como teológico.

La expresión “opción por los pobres” cobró fuerza en el pensamiento católico hacia finales de la década del ‘60 y durante los ‘70. El término sirvió de inspiración para varias formas de teología de la liberación durante esa época, pero afirmaciones de este tipo tienden a restar importancia al hecho de que la Iglesia siempre ha mantenido una especial predilección por los pobres.

Los profetas del Antiguo Testamento se expresaron con rotundidad contra la opresión de los pobres, por no mencionar las palabras de Cristo, donde Él mismo enseña que se le puede reconocer entre los pobres y los que sufren persecución. Más aún, el amor por los pobres y los marginados se puso en práctica desde los mismos inicios de la Iglesia. En tiempos del Imperio Romano, por ejemplo, los paganos –griegos y romanos– quedaban asombrados ante el afán que manifestaban los católicos por ayudar a los enfermos y discapacitados, los ancianos y los abandonados, independientemente de que estos fueran cristianos o no.

La comprensión católica de la pobreza, sin embargo, no comete el error de imaginar que la pobreza se reduce al problema de la privación de bienes materiales. Durante los años ‘80, en medio de la más aguda crítica a la Iglesia hecha por la teología de la liberación, bajo influencia del marxismo, la Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF) recordó a los católicos que la pobreza tiene un significado bastante más amplio en el contexto de la fe, el pensamiento y la praxis cristianas.

Desde el punto de vista cristiano, todas las personas son pobres en la medida en que todos nosotros somos muy poca cosa frente a la justicia y la misericordia del rostro de Dios. ¿Por qué si no fue necesario que Cristo viniera al mundo para salvarnos de nuestro pecado y de nuestros defectos? De hecho, la asunción cristiana de la pobreza implica que los hombres se ejerciten en el desapego de los bienes materiales: “La pobreza que Jesús declaró bienaventurada es aquella hecha a base de desprendimiento, de confianza en Dios, de sobriedad y disposición a compartir con otros” (Libertatis Conscientia, nº 66).

¿Qué significa en la práctica vivir la opción por los pobres? Significa que debemos comprometernos en obras de caridad – a través de actividades que frecuentemente abordan dimensiones específicas de la pobreza de una manera que ningún programa gubernamental puede hacer. Esto significa dar nuestro tiempo, nuestra energía, nuestro capital humano y monetario en formas que lleven la luz de Cristo a algunos de los lugares más oscuros del planeta.

Sin embargo, esto no significa que los católicos están obligados a dar algo a todo, o incluso que deban desprenderse de todo lo que poseen. Como afirma Fr. James Schall SJ: “si tomáramos toda la riqueza del mundo y simplemente la distribuyéramos, ¿qué sucedería? Esta riqueza desaparecería pronto y todos seríamos pobres”. Dicho de otra manera, vivir la opción por los pobres bien puede implicar que aquellos que tienen un talento para crear riqueza hagan precisamente eso.

Samuel Gregg en la serie “Effective Stewardship”

La opción por los pobres tampoco excluye de raíz toda forma de asistencia gubernamental para los que lo necesitan. Sin embargo, sacar a las personas de la pobreza – no solamente de la pobreza material sino también de la pobreza moral y espiritual– no necesariamente significa que la acción más efectiva sea la de implementar un nuevo programa de asistencia social. No existe razón para pensar que la opción preferencial por los pobres deba suponer una opción preferencial por gobiernos de gran tamaño. Generalmente, ser un emprendedor e iniciar un negocio que genere puestos de trabajo, salarios y oportunidades en ámbitos donde no los había hasta ese momento puede ser una obra de amor más grande (y, al mismo tiempo, económicamente mucho más efectiva) que la implementación de una nueva iniciativa de ayuda gubernamental.

La comprensión católica de la opción por los pobres también supone el reconocimiento de que aquellos que sufren de privaciones materiales son seres humanos revestidos de inteligencia y voluntad. Por lo tanto, igual que todo el mundo, ellos también son capaces de comprometerse en distintas formas de desarrollo humano integral. Algunas veces, los programas asistenciales o la puesta en práctica de una nueva medida reguladora no es el mejor modo de ayudar a los menos favorecidos –especialmente cuando esas medidas impiden o desalientan a las personas a seguir su propia iniciativa o a querer trabajar.

Por ello, a pesar de que a menudo no lo veamos de esta manera, la desregulación constituye una vía concreta en favor de los pobres. Vivir de cara a aquellos que padecen necesidades se puede manifestar, por ejemplo, en trabajar para remover las trabas arancelarias que bloquean e impiden el acceso de los pobres y menos favorecidos al mercado global, o que alientan a que las personas en los Estados Unidos sigan trabajando en industrias que están dejando de ser competitivas en una economía global. Trabajar a favor de los pobres puede implicar también que el proceso de crear una empresa se pueda hacer en menos tiempo, u ofrecer un sistema más transparente y menos costoso, a nivel burocrático, para que las personas puedan migrar a los países donde hayan más oportunidades de progreso.

Existen muchas maneras de vivir la opción por los pobres, independientemente de cuál sea nuestra vocación en la vida. Con algo de la creatividad que es tan necesaria para el éxito de una empresa, los católicos pueden de hecho llevar libertad a muchos de los que se encuentran oprimidos por la pobreza.

Nota: La traducción del artículo original “Business and the option for the poor”, publicado por Legatus Magazine, el 1 de febrero de 2014 es de Mario Šilar del Instituto Acton Argentina/Centro Diego de Covarrubias para el Acton Institute.