¿Por qué el Populismo es tan popular en América Latina?

Por Gabriel Zanotti*

1. Populismo en general.

¿Por qué las propuestas demagógicas e intervencionistas, con grados diversos de autoritarismos, son en general aceptadas por la gran mayoría de la población?

Es una pregunta que choca con el habitual racionalismo de ciertos liberales (1), que presupone que explicando racionalmente las bondades del libre mercado y el gobierno limitado, debería bastar para su aceptación. Si ello no es así, es que aún no hemos encontrado la forma de “explicarlo y-o comunicarlo bien y adecuadamente”. Sin embargo, la naturaleza humana no es racional “de ese modo”. Freud, en su obra “Psicología de las masas y análisis del yo” (2), nos explica algo sobre la naturaleza humana que los liberales clásicos deberíamos incorporar más a nuestros análisis políticos. La evolución de la psiquis no es tan fácil. La ambivalencia sobre la figura paterna puede general a veces una identificación y una regresión infantil a la figura del padre (como un proceso inconsciente para evitar “el asesinato del padre”). Estas personas con esta regresión quedan perfectamente preparadas para una alienación y masificación con el “jefe de la horda”, expresión muy significativa utilizada por Freud. O sea que en el psiquismo de muchos adultos existe una bomba de tiempo: un proceso de regresión por medio de la identificación con la figura paterna que se proyecta en el líder autoritario. Por eso las personas masificadas se sienten “hermanadas” en el amor al líder, y son propensas por ello a procesos de igualación que los identifique precisamente como los hermanos ante el padre. Esta es una explicación de los fenómenos de masas que explica muy bien los procesos de autoritarismos políticos, y la mala noticia es que estas personas no están precisamente preparadas para ejercer el juicio crítico contra el dictadorzuelo que ha capturado la debilidad de ese yo que padece una profunda regresión hacia sus etapas más infantiles.

Vìctor Frankl, otro psicólogo y psiquíatra vienés, fundador de la “logoterapia”, da una explicación complementaria, en mi opinión (3). Frankl sostiene que la principal neurosis que afecta al ser humano es la “neurosis noógena”, esto es, la neurosis fruto de la angustia por perder el sentido de la existencia. Al ser humano le es difícil preguntarse verdaderamente por el sentido de su vida; habitualmente, para huir de esa difícil pregunta, se aliena, esto es, toma el sentido prestado de otra existencia, “convirtiéndose en el otro”, “siendo el otro”. Una de esas posibles alienaciones es precisamente seguir los mandatos de otro, y encontrar en el plan y en las órdenes de un sistema autoritario el sentido de la vida que no habíamos podido encontrar por nosotros mismos. El dictador autoritario, para Frankl, también vive en una peligrosa alienación, porque sólo encuentra el sentido de su vida en ese espacio de poder. “Amo y esclavo” para usar la famosa dialéctica, se retroalimentan en una vida sin sentido, anestesiada por esa relación enferma que a los dos los hace olvidar radicalmente de su propio yo. En ese sentido, quien ha encontrado el sentido de su propia vida ha encontrado también el sentido de su libertad individual, y es muy poco propenso, o casi nada, a los cantos de sirena de los sistemas autoritarios. En ese sentido, si la Ilustración es madurez, como decía Kant (4), la madurez es precisamente un psiquismo adulto, sin el padecimiento de estas dos clases de alienaciones, un psiquismo que pueda reflexionar sobre el sentido de la vida y encontrar en sí mismo el camino de su existencia. Pero, oh, mala noticia para los liberales, no es esa la situación del común de las personas, que más que vivir su propia existencia, son vividos, esto es, se dejan llevar por un sin fin de alienaciones diversas sin la más mínima conciencia existencial de ello. Esto es un grave problema para los liberales clásicos, y también para los liberales del s. XIX de orientación más positivistas que creyeron encontrar en la escolaridad estatal obligatoria un remedio para la ignorancia y el camino hacia un ciudadano “maduro” e ilustrado que no se deje llevar por caudillos autoritarios (5).Pero este diagnóstico sobre los problemas de la naturaleza humana, la alienación y el autoritarismo, no están hechos para América Latina en particular. Un norteamericano o un suizo no tienen nada en especial, genética y psíquicamente, por lo cual no caer en los procesos de alienación descriptos. Entonces, ¿qué hay de particular en América Latina?

2. El autoritarismo latinoamericano.

En otra oportunidad (6) he desarrollado una hipótesis de por qué son más visibles en América Latina estos procesos de alienación psíquica con el líder (obsérvese que no dije “más frecuentes”). La cuestión es el marco institucional, y ello es lo que en América Latina estuvo debilitado desde su origen. Las instituciones liberales clásicas son precisamente usos y costumbres jurídicas y políticas que retardan o hacen más difícil los procesos de alienación descriptos (aún así, observemos el camino creciente de los EEUU hacia el autoritarismo, igual que la Europa de la post-guerra).Pero mientras que en los EEUU podríamos hablar de una vuelta a dichas instituciones, América Latina nunca las tuvo. Lo que hubo es un enfrentamiento entre dos fuerzas culturales opuestas. ¿Cuáles fueron esas dos fuerzas culturales? Como ya dije en otra oportunidad, América Latina se basó en la estructura monárquica de origen español, donde la estructura era jerárquica del Rey a los Virreyes. A ello sumemos los diversos caudillos locales que se movían con un sistema de privilegios con el Virrey de turno, más una tradición cultural de unión entre el catolicismo y la corona española, ante lo cual la “sana laicidad del estado”, defendida hoy por todo el Vaticano II y Benedicto XVI (7), brillaba por su ausencia. Los intentos del liberalismo no fueron, por ende, en América Latina, una evolución del Estado de Derecho como describe Hayek (8). No hubo evolución, sino revolución. Los que querían cambiar el sistema se basaron más en la tradición iluminista francesa, fuertemente antireligiosa, que se imponía habitualmente por la fuerza, de la mano de un militar con pensadores civiles que importaban los códigos napoleónicos y estructuras republicanas más bien continentales imponiendo un proceso de secularización también por la fuerza. Esto, como conjetura general.América Latina nació por ende en ese drama cultural, con esas dos fuerzas enfrentadas. Excepto Alberdi, no hubo en América Latina (AL) ese “limited goverment” de origen anglosajón y evolutivo defendido por Hayek. El resultado fue, por ende, un liberalismo más bien constructivista, en términos de Hayek, contra un tradicionalismo donde tampoco existían las libertades individuales (esencial diferencia con tradicionalismos como los de Edmund Burke). Por ende, AL es una tierra de revoluciones y de autoritarismos contrapuestos. Los golpes cívico-militares antirreligiosos, muchos de los cuales acompañaron los movimientos de emancipación de la corona española, no pudieron borrar los usos y costumbres culturales anteriores; más bien los retro-alimentaban porque dependían también del grupo de “hombres fuertes” que imponían la revolución. Claro, por un tiempo, como por ejemplo en Argentina, la cosa pareció funcionar, porque los códigos civiles y penales estructurados sobre la base de los derechos de vida, libertad y propiedad estabilizaron por un tiempo la anarquía anterior. Pero luego de un tiempo los horizontes autoritarios ocultos se hacen manifiestos, como un conflicto inconsciente tapado por una fuerte negación. Argentina no podría ser un mejor y dramático ejemplo. Primero, la revolución contra la corona, iluminista-racionalista. Luego, la revolución contra la revolución racionalista: el Perón nacionalista mussoliniano de los años 40. Luego, la revolución de izquierda contra el “imperialismo norteamericano”, la nueva corona de la cual había que liberarse: la guerrilla de los años 70. Años 70 de los cuales no hemos salido (9), sino que estamos en ellos cada vez más.Todas las instituciones de AL, por ende, son débiles, porque nunca florecieron en medio de esas fuerzas autoritarias antagónicas, y los intentos del s. XIX de trasplantar una Constitución liberal en ese terreno fracasaron obviamente. Siempre dependemos del “hombre fuerte”, llámese Uribe o Chávez. En ese sentido el “populismo” en AL tiene esa base que lo retroalimenta. No es que sus habitantes son más propensos a los procesos de masificación y alienación, sino que no tienen incorporados, en términos psicoanalíticos, “la ley del padre”, siendo esa ley usos y costumbres institucionales fuertemente arraigados. Según Freud quien no incorpora la ley del padre es perverso o psicótico. Bien, eso es AL: una perversión política, fruto de su debilidad institucional.

3. ¿Hay alguna solución?

A simple vista, no. Los liberales que más han bebido en el libertarianismo de Rothbard se colocan habitualmente en una posición anti-sistema. No les queda sino la revolución, lo cual, si mi hipótesis es correcta, retro-alimenta el problema. Lo otro que les queda (que nos queda) es el exilio.

Una perspectiva más hayekiana, más evolutiva, es integrarse a los partidos políticos tradicionales tratando de llevar ciertas ideas a ciertos líderes que, aunque claramente no liberales, sin embargo estén en una clara posición anti-chávez y más propensos a aliarse con Chile o Brasil. Esos líderes tienen más apoyo popular y, ubicados en el poder, al menos darán más tiempo y oportunidad para un mayor progreso institucional (hasta llegar a una reforma constitucional liberal clásica). Ello es lo único realista y posible en ese momento y al menos podría frenar (o hubiera podido frenar) dramas como los Kirchner y otros peligrosísimos dictadorzuelos pro-marxistas.

Por supuesto lo que propongo es totalmente falible. Si me dan otra solución mejor, excelente. Pero les ruego que me disculpen un lugar común. La violencia sólo engendra violencia. Las sociedades, los sistemas, evolucionan o colapsan, pero no cambian por la fuerza. Mientras tanto, yo no sólo respeto el exilio en quien pueda hacerlo, sino que a veces lo exhorto. Sólo que en la situación mundial actual, queda otra pregunta: ¿hacia dónde?

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Notas:

1) Mises, L. von: Human Action, chapter XXXVII, point 3.

2) Freud, S.: Obras Completas, Editorial El Ateneo, Libro 3, p. 2563.

3) Frankl, V.: Ante el vacío existencial, Herder, Barcelona, 1986.

4) Kant, I.: Qué es la Ilustración, Terramar Ediciones, La Plata, 2005.

5) Zanotti, Luis J.: Etapas históricas de la política educativa, Eudeba, Buenos Aires, 1971; on line inwww.luiszanotti.com.ar

6) Zanotti, G.: “Cómo ser liberal en América Latina y no morir en el intento”, enhttp://www.cadal.org/documentos/documento_31.pdf

7) On Benedicto XVI and these issues, see Zanotti, G.: “León XIII, Benedicto XVI y los EEUU”, en http://www.institutoacton.com.ar/articulos/gzanotti/artzanotti36.doc

8) Hayek, F. A. von: Los fundamentos de la libertad; Unión Editorial, Madrid, 1978, cap. XI.

9) We have already said it in “Sobre la “vuelta” a los 70”, en Fundación Atlas, el 5-9-2003. Reproducido en Infobae el 24-9-2003.

*Texto de la ponencia presentada en la Mont Pelerin Society el Martes 19 de Abril de 2011

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