Cuando el alturismo hace daño

Por Mario Šilar
Para Instituto Acton Argentina / Acton Institute
Junio 2013

La tendencia humana a asumir las distinciones binarias de un modo maniqueo está muy presente en el ámbito de la interpretación de nuestras acciones libres –es decir, en el ámbito de la moralidad–. Hay algo de razonable en esto. En efecto, el hombre necesita saber que existen  acciones que están bien y acciones que están mal para, de este modo, orientar su acción con claridad. Además, como acertadamente han destacado investigaciones recientes (Véase J. L. Austin, How to do Things with Words (William James Lectures), 2a ed., Cambridge – Mass.,Harvard University Press, 1975) –en sintonía con intuiciones ya presentes en el pensamiento griego antiguo– el lenguaje es un modo de acción, por lo que es importante, para poder actuar bien, tener un marco conceptual que permita distinguir con nitidez entre la buena y la mala acción. De allí, por ejemplo, lo sugerente que resultan los análisis sobre el lenguaje de nuestras acciones, la gramática moral (Un estudio desde la perspectiva tomista en Steven V. Long, The Teleological Grammar of the Moral Act, Naples – Fl. Sapientia Press of Ave Maria University, 2007) o la narratividad de la acción (Walter R. Fisher, Human Communication as Narration: Toward a Philosophy of Reason, Value and Action,Columbia, University of South Carolina Press, 1989).

Pero así como es importante ser capaces de formar un criterio claro para orientar nuestras acciones –distinguiendo el bien del mal–, no es menos fundamental ser capaces de madurar en esta comprensión, al hilo de un mejor autoconocimiento a lo largo de la vida para evitar caer en distinciones falaces a la hora de interpretar las acciones. Donde más han contribuido a generar confusión, paradójicamente, las distinciones binarias simplistas es en el terreno de la moral, donde muchos de los términos que se utilizan para describir las acciones morales terminan siendo armas de doble filo. Por ejemplo, la distinción entre altruismo y egoísmo, dada la carga valorativa de estos términos, suele obstaculizar la comprensión adecuada de la moralidad de algunas acciones. A primera vista, y asumiendo la carga valorativa de los términos utilizados, las acciones egoístas son malas y las acciones altruistas son buenas. Hasta aquí lo evidente. Sin embargo, existen fundadas razones para señalar, en primer lugar, el carácter incompleto que tiene la distinción altruismo-egoísmo. ¿Dónde se ubicarían, por mencionar un caso, las acciones que suponen un “legítimo autointerés”? Me refiero a ese amplio abanico de acciones que sin poseer los niveles de desinterés propio de las acciones heroicas no son, sin embargo, susceptibles de ser consideradas como acciones egoístas
sin más?

Pero –en segundo lugar– existe un problema más grave en la interpretación simplista de la distinción altruismo-egoísmo: ¿acaso todas las acciones pretendidamente altruistas son susceptibles de ser juzgadas como buenas acciones? Un reciente estudio de Barbara A. Oakley (Oakland University) publicado en el Proceedings of the National Academy of Sciences pone el dedo en la llaga sobre esta inquietante pregunta. El trabajo titulado “Concepts and implications of altruism bias and pathological altruism” es una densa síntesis de un libro editado por la autora en2011, con el título Pathological altruism. Abordar los problemas vinculados al altruismo patológico es de extrema importancia ya que permite tomar una mejor conciencia de los problemas que subyacen en la dicotomía simplista altruismo-egoísmo. Esta dicotomía asume la legitimidad inherente a la conducta altruista, cosa que es bastante cuestionable.

Con los debidos matices, la perspectiva que expone Oakley merece ser estudiada por los
moralistas cristianos. En efecto, su tesis sirve para abordar muchos de los problemas vinculados al análisis e interpretación de las acciones humanas en el seno de la ética cristiana, con el objeto de no caer en análisis simplistas del tipo “el egoísta es malo” y “el altruista es bueno”.
Lamentablemente, las cosas son más complejas: así como una persona puede ejercer un especial tipo de control sobre otra mediante el ejercicio de acciones aparentemente generosas, el altruista patológico puede hacer daño aún cuando diga o crea sinceramente que está ayudando a otra persona.
En cierta medida las investigaciones vinculadas al altruismo patológico vienen a revestir de un marco epistemológico contemporáneo un principio básico muy presente en el pensamiento moral clásico. Me refiero al principio de que las intenciones del agente al actuar no son el criterio único y suficiente para determinar la moralidad de la acción. Como ya se sabe: “el camino al infierno está pavimentado de buenas intenciones”. Por eso, la moral cristiana ha tenido especial cuidado en distinguir el ámbito intencional del agente que actúa del ámbito consecuencial, es decir, de las consecuencias generadas por la acción del agente. El buen resultado final alcanzado no justifica ni convierte en buena la intención, si esta es mala. Paralelamente, la buena intención no excusa de la responsabilidad por el daño causado como consecuencia de una acción realizada. De aquí surge, en buena medida, el análisis moral de los problemas vinculados a la imprevisión, la negligencia, la ignorancia vencible o culpable, y demás. Es esta bivalencia sutil y compleja, muy presente en el análisis de la acción moral en perspectiva clásica (Uno de los locus classicus es el “Tratado de los actos humanos” de Tomás de Aquino en Suma Teológica, I-II, qq. 6-21. En concreto, las cuestiones 18, 19 y 20 abordan la bondad y malicia de los actos humanos en general, del acto interior de la voluntad y de los actos humanos exteriores, respectivamente), la que queda opacada cuando se aborda la acción humana desde la dicotomía altruismo-egoísmo. La noción de altruismo patológico viene a poner de manifiesto algo bastante obvio, a saber, que no toda acción altruista está de por sí moralmente justificada.

En este punto, se puede plantear la siguiente pregunta: ¿acaso el altruismo patológico significa que podrían existir, por contrapartida, acciones egoístas moralmente justificadas? Aquí, la referencia obligada es a Ayn Rand y su provocativa tesis sobre la virtud del egoísmo. No se trata ahora de hacer una crítica a la propuesta, errónea en mi opinión, que ofrece Rand. En breves términos, creo que en este punto Rand no logra escapar de las aporías que se generan al aproximarse desde una lógica dicotómica a este problema. Así, Rand se ata de pies y manos y se le hace imposible ofrecer una solución que sea realmente superadora. Ella también cae víctima del empobrecimiento lingüístico-conceptual característico del emotivismo moral que pretende combatir. A pesar de todo esto, a la luz del altruismo patológico las críticas que hace Rand contra el altruismo “buenista” adquieren mejor significado. Es mérito de Rand el haber sabido identificar el desorden que genera la reducción de la moralidad a la mera bondad intencionalista y desprendida de cualquier interés por analizar el impacto real negativo que, muchas veces, los buenas intenciones puedan generar. Pero lamentablemente Rand se limita, simplemente, a cambiar el eje de la balanza: si se puede demostrar que las acciones altruistas son malas, ello significa que entonces las acciones egoístas deben ser buenas. Se trata de un non sequitor, de una conclusión errónea (Es cierto que muchas veces Rand habla de “rational self-interest”, aclarando que no toda forma de acción egoísta está legitimada (ver el capítulo “Isn’t Everyone Selfish?”, en Rand, Ayn, The Virtue of Selfishness. A New Concept of Egoism, Penguin, New York, 1964). Por ello, un análisis crítico exhaustivo de la obra de Rand excede los límites de este trabajo).

¿Cómo se define el altruismo patológico? Oakley ofrece tres definiciones, una genérica, una más específica y una definición operativa. El altruismo patológico es una acción en la que la motivación subjetiva, implícita o explícita, pretende hacer el bien a otra persona. Sin embargo, la acción intentada genera consecuencias negativas, sea a la persona que se ha querido ayudar o a uno mismo. El carácter “patológico” de esta conducta no implica una diagnosis clínica sino la simple descripción de una conducta desordenada o abusiva. Como se puede observar, el enfoque que ofrece Oakley supone una aproximación a mitad de camino entre la ciencia moral y la psicología. Un punto interesante del trabajo de Oakley es que su análisis aborda tanto los problemas que el altruismo patológico genera a nivel individual como a nivel colectivo. En este segundo nivel es donde el estudio exhibe sus puntos más sugerentes, donde se analiza el impacto que el altruismo patológico genera sobre las políticas públicas. La actitud refractaria y evasiva que la comunidad científica pone de manifiesto a la hora de abordar los problemas vinculados al altruismo es otro punto de especial interés en el trabajo. Pero conviene no distraerse del punto central del trabajo: el modo como el altruismo patológico puede causar daño en las
relaciones intersubjetivas y las implicancias que esto tiene para ser más cuidadosos en la
formación moral.
Muchas veces existe cierta tendencia en el seno de comunidades creyentes (sean estas
religiosas o laicales) por promover una actitud altruista, considerada esta como sinónimo de ideal de vida cristiana. Con agudeza Oakley subraya que los intentos por promover el altruismo de modo ciego terminan generando escenarios de altruismo patológico. Este altruismo patológico no sólo daña al receptor de la pretendida ayuda sino también, en muchos casos, al mismo agente que se pretende ayudar. Entre las personas que orientan su vida bajo el ideal de la ayuda al prójimo –entre los laicos existen determinadas profesiones particularmente afines para esto, como las vinculadas a la educación y la salud–, suelen aparecer en el mediano y largo plazo diversos tipos de trastornos, tales como complejos de culpa, angustias, estrés (‘burnout’), cuadros depresivos, además de otros trastornos de personalidad, que constituyen la exteriorización de una tensión de calado más profundo. Aquí, Oakley aborda la relación que esto tiene con los distintos perfiles psicológicos y la formación de la personalidad en la niñez y la adolescencia. Existe, por ejemplo, un perfil psicológico de niños que suelen tener una clara predisposición altruista pero que está unida a bajos niveles de autoestima, escasos niveles de gratificación ante la tarea realizada y un limitado espíritu de autonomía. Las personas con este perfil psicológico suelen ser proclives a padecer las consecuencias del altruismo patológico. En efecto, dada la impronta altruista de su carácter suelen integrarse en grupos y comunidades que promueven la ayuda al prójimo. Sin embargo, dado el escaso nivel de autonomía y capacidad de realización en la tarea que exhiben, estas personas quedan inermes a la acción perniciosa que el altruista patológico ejerce sobre ellos. Así, a menudo, el agotamiento, el stress y demás síntomas de malestar que sufren son señalados por el altruista patológico como signos de falta de compromiso y de generosidad en la entrega. De este modo, la carga de culpa y malestar que estas personas sufren termina siendo mayor. Se trata del fenómeno de “codependencia” psicológica muy frecuente en los casos de altruismo patológico.

Por ello, una educación religiosa y ética uniformizante (“one size fits all”), que simplemente se limite a afirmar acríticamente la importancia de la consecución del altruismo y sin atender a los distintos perfiles psicológicos, puede causar mucho daño en algunas personas (“in other words, social attemps to blindly encourage altruism become themselves a perfect example of pathological altruism”, p. 3).
Pero es tal vez en las “implicaciones extendidas”, en concreto, en las implicancias vinculadas al análisis de las políticas públicas donde la consideración del altruismo patológico ofrezca más virtualidades. De algún modo Oakley viene a ofrecer un marco de comprensión psicológico-social para la distinción, que hiciera célebre Bastiat aplicándola al análisis económico, entre “lo que se ve” y “lo que no se ve” (falacia de la ventana rota). No obstante, en el análisis moral me parece que esta tensión es mucho más compleja y sutil. En efecto, según dónde se ubique la perspectiva del agente que actúa, lo que se ve y lo que no se ve puede diferir. A primera vista, para el observador exterior lo que se ve es la consecuencia exterior de la acción y lo que no se ve es el plano intencional. De igual modo, para el agente que actúa lo que se ve designaría, en primer lugar, el plano de su propia intención, y lo que no se ve designaría el plano de las consecuencias, todavía no existentes, pero que se prevén surgirán como consecuencia de su acción. Sin embargo, muchas veces las verdaderas intenciones por las que el agente actúa son refractarias incluso para el mismo agente que actúa. Con mucha frecuencia, la capacidad de autoengaño del agente suele ser más potente de lo que se suele pensar. Muchas veces, detrás de un presunto “buenismo” intencional se ocultan verdaderas intenciones que son incluso difíciles de ver por parte del agente que las intenta. En estos casos, desde la perspectiva del agente que actúa, lo que no se ve son estas verdaderas intenciones ocultas y, lo que se ve, es el resultado plasmado de la acción. En este sentido también, el observador exterior algunas veces puede llegar a inferir o intuir cierto desorden en el plano intencional del agente que actúa como consecuencia del daño causado, que se hace presente en la acción exterior, y aunque no fuera lo que estaba en la intención del agente que actuó.
Aunque todo esto parezca bastante complicado viene a iluminar un problema acuciante en la actualidad: los escasos niveles de racionalidad presentes en el debate de las políticas públicas en donde a menudo el plano intencional-emotivo ocupa un papel protagónico, tanto entre quienes propugnan como entre quienes pretenden impugnar determinadas políticas públicas. De este modo, el sesgo cognitivo causado por el altruismo patológico permitiría comprender la confusión presente a nivel psicoafectivo en multitud de actores sociales, que tienden a inferir los resultados de las políticas públicas a partir de la supuesta bondad presente en las intenciones que orientaron esas políticas. Así, la presunta buena intención que guiaría algunas de las medidas que suelen gozar de amplio consenso entre la opinión pública –como por ejemplo las medidas de progresividad impositiva, las leyes de salario mínimo, la ampliación universal de determinados beneficios sociales, etc.–, suele oscurecer las consecuencias generalmente negativas, y contrarias a lo que se quería lograr, que esas medidas terminan causando. Aquí Oakley hace una advertencia que no se debe perder de vista, que muchas de las medidas más perniciosas para las sociedades durante el último siglo han sido causadas en el contexto o como consecuencia de haber querido ayudar a otras personas.

En todo caso, una cosa positiva que el altruismo patológico permite poner de manifiesto es el rol crucial que juega la libertad para alentar escenarios en los que se produzcan buenas acciones genuinas. En efecto, hay muchas buenas personas en quienes su bondad no termina de estar enamorada o convencida del gran bien que supone la libertad. Como consecuencia de esto, tienden a minusvalorar la legítima esfera de autonomía e intimidad de la persona a la que quieren ayudar, por lo que se introducen en una pendiente resbaladiza donde terminan imponiendo su propio criterio de bien sobre la persona que dicen querer ayudar. Esto es un gran drama. Y un gran daño. Es el drama de los buenos, que en su intento por hacer el bien, terminan erradicando de sus vidas la humildad –que es ‘andar en verdad’–, un requisito imprescindible poder actuar bien, respetando a la otra persona y sin invadir ni cooptar su voluntad. En el largo plazo, las mejores acciones para ayudar a otros, tanto a nivel individual como colectivo no son inmediata o intuitivamente claras, no son tampoco del tipo de cosas que nos hagan sentir bien, finalmente, tampoco suelen ser el tipo de actitudes que promuevan otros individuos –estos también sesgados
por sus propios intereses–. Tener esto presente es indicio de una personalidad atenta a no querer dejarse arrastrar por deseos y planes propios para ayudar a los demás. Un indicio de esta actitud se manifiesta en la tendencia a seguir cursos de acción en donde la ayuda intentada tiene consecuencias en el corto o mediano plazo.
En síntesis, el trabajo de Oakley ofrece una lección muy concreta: las personas que quieran orientar su vida bajo la vocación de ayudar al prójimo, lo primero que deberían hacer, por el bien de esas otras personas y de ellos mismos, es reconocer que el altruismo en algunos casos puede hacer mucho daño.

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Más allá de lo contingente

Entrevista a Alejandro Chafuen: una nueva aproximación científica y una antropología robusta para analizar el florecimiento humano.

Fuente: Zenit, Giovanni Patriarca – Beyond the Contingency

Roma, 22 de enero de 2014

El Dr. Alejandro Chafuen es el Presidente de la Fundación Atlas, una organización no gubernamental. La organización promueve “un mundo libre, próspero y pacífico donde el gobierno limitado defienda el Estado de derecho, la propiedad privada y el libre mercado”.

El Dr. Chafuen habló con ZENIT acerca del impacto de la Doctrina Social de la Iglesia sobre las políticas económicas.

Pregunta: En la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, el Papa Francisco subraya los riesgos de un nominalismo vacío que conduce a la atracción por el nihilismo. La respuesta a esto parece basarse en el realismo práctico y un compromiso serio –más allá de reduccionismos ideológicos– al servicio de la humanidad. ¿Cómo podemos leer esta afirmación y qué significa para nosotros?

Dr. Chafuen: Como “trabajador” en el ámbito de las ideas, los think tanks y la academia, creo que el Papa nos ofrece una valiosa advertencia: necesitamos ser mejores en conectar ideas con realidades. El Papa señala ejemplos de esta desconexión: “los purismos angélicos, los totalitarismos de lo relativo, los nominalismos declaracionistas, los proyectos más formales que reales, los fundamentalismos ahistóricos, los eticismos sin bondad, los intelectualismos sin sabiduría” (nº 231).

Tomemos por ejemplo “los purismos angélicos”. No hay aquí nada en contra de los ángeles y la pureza, sino la aceptación de seres humanos de carne y hueso luchando por vivir la pureza. Los hombres no son perfectos ángeles. Los santos han luchado en esta área. La Iglesia, en calidad de Maestra, no puede debilitar la verdad, pero como “Madre” acepta y ama a las personas que caen pero luchan. Los santos que han sido canonizados también han sufrido caídas. Sin embargo, es su lucha heroica (y la Gracia recibida) lo que los ha elevado a un plano superior. San Josemaría Escrivá de Balaguer quiso escribir un libro sobre “Los defectos de los santos”, para así apoyar el deseo de la santidad en un suelo real y no en un ideal imposible de alcanzar que se termina convirtiendo en algo vacío, lo que conduce a un “nominalismo declaracionista”.

En cuanto a la política y la economía, las áreas en las que tengo algo más de conocimiento, conviene aclarar que no existen sistemas económicos perfectos. Resulta fácil encontrar “fundamentalismos ahistóricos” en muchas culturas. Esconder información comprometedora de los héroes nacionales, la selección de los hechos históricos que convienen para así justificar nuestra propia ideología resulta una práctica común. El Papa afirma que “la realidad es más importante que la idea”, y tiene razón, no obstante las ideas son esenciales para comprender la realidad.

El Papa afirma: “Hay políticos —e incluso dirigentes religiosos— que se preguntan por qué el pueblo no los comprende y no los sigue, si sus propuestas son tan lógicas y claras. Posiblemente sea porque se instalaron en el reino de la pura idea y redujeron la política o la fe a la retórica” (nº 232). Muchos defensores de ideologías exponen teorías que están en contra de los requisitos básicos de una buena teoría (en este tema me gusta particularmente un texto de Christensen & Raynor), no explican qué causa un resultado, simplemente se limitan a describir atributos asociados empíricamente con ese resultado, seleccionando las estadísticas que se acomodan a las conclusiones que previamente tienen sobre la materia. Una parte afirma que “los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres” y la otra que “cuanto más libre es una economía mayor riqueza podrán generar las personas”. Las dos afirmaciones pueden ser verdaderas, dependiendo de las circunstancias. Una buena teoría económica y política es contingente respecto de las circunstancias. Además, como explican Christenson & Raynor, las buenas teorías responden a la pregunta: “¿Qué pasa cuando las teoría fracasa en explicar la realidad?” Tanto la derecha como la izquierda tienden a ignorar este principio. Muchos socialistas afirman que el socialismo no ha fracasado, el problema eran los líderes corruptos que violaron los principios del socialismo. Algunos en la derecha, por su parte, presentan sus argumentos de modo similar, si señalas a un capitalista que busca los favores o los privilegios del poder político, afirman: “no es un verdadero capitalista”.

Respecto de la economía, por ejemplo, el Papa ha tenido la experiencia de la realidad argentina. La buena ciencia social debe concentrarse no en lo aparente, en “lo que se ve”, como decía el economista católico Frederic Bastiat (1801-1850), sino en lo que no se ve. Y es en este ámbito de explicaciones donde resulta difícil alcanzar el deseo del Papa Francisco de trabajar para que se logre reemplazar el nominalismo formalista por una “objetividad armoniosa”. Hoy en día existe una objetividad armoniosa de que, en contra de las apariencias, la tierra gira alrededor del sol. En la medida en que la realidad económica y política es interpretada de modos muy contrapuestos, incluso entre académicos laureados con el premio Nobel en una misma disciplina, como sucede en la economía, esta armonía va a ser muy difícil de lograr.

Pregunta: La Doctrina Social de la Iglesia es un instrumento muy poderoso para analizar los problemas económicos desde una perspectiva ética, sin ignorar el marco personal y antropológico que subyacente en toda decisión política. ¿A qué desafíos se enfrenta actualmente la DSI en un contexto de cambio epocal a nivel geopolítico, cultural y social?

Dr. Chafuen: El mayor desafío que enfrenta la Doctrina Social de la Iglesia es la presencia predominante de concepciones erróneas acerca de la persona humana. Algunos consideran a los seres humanos como una colección de sustancias químicas, otros, como meros individuos, dejando a un lado el plano de la realidad espiritual. La Iglesia, y todos los que somos ministros por el bautismo, debemos ser maestros referentes en cuanto a la verdad y la riqueza de lo que significa ser humano. Aprender a comunicar esto con acciones y palabras es otro desafío mayúsculo. El Papa Francisco, con su nuevo estilo, casi apareciendo como mundano, especialmente si se lo compara con su predecesor, ha sorprendido al mundo.

Las dos instituciones básicas de una sociedad libre, la propiedad privada y la familia, que tienen un lugar importante en la doctrina social, están también bajo ataque. El crecimiento del poder geopolítico de los BRIC (Brasil, Rusia, India y China), donde algunas estructuras capitalistas coexisten con altos niveles de corrupción, está suponiendo un desafío para la noción de Estado de derecho e imperio de la ley (rule of law). Esto, a su vez, alimenta la idea de que el beneficio a toda costa es lo único que cuenta, independientemente de los costos humanos.

El crecimiento del tamaño del gobierno, que en la mayoría de los países es tres veces más grande que hace un siglo, es otro desafío de envergadura. El Estado ha crecido como un proveedor de servicios y el llamado “Estado de bienestar”, especialmente en algunos países de Europa, ha debilitado el sentido de responsabilidad y solidaridad. El modelo del buen samaritano ha sido reemplazado por el modelo de los buenos burócratas y tecnócratas.

Otro desafío lo constituye el agresivo ataque contra la familia y el esfuerzo de los gobiernos por redefinir las instituciones sociales. Las familias han sido los mejores ministerios de bienestar. Los niños que son criados la mayor parte de su vida con el mismo padre y madre tienen mejores pronósticos en cuanto a florecimiento humano. Esto es una realidad contundente que la dictadura del relativismo intenta esconder. En la medida en que los seres humanos tienen necesidades sociales, si las familias siguen siendo destruidas, cabe pensar que será el Estado el que ocupe ese lugar.

Existe además un desafío ad intra, bien expresado en la Gaudium et spes (nº 36) que deplora “ciertas actitudes que, por no comprender bien el sentido de la legítima autonomía de la ciencia, se han dado algunas veces entre los propios cristianos; actitudes que, seguidas de agrias polémicas, indujeron a muchos a establecer una oposición entre la ciencia y la fe”. Creer que la Doctrina Social de la Iglesia pueda estar enseñando una doctrina económica falsa puede terminar poniendo en tela de juicio la credibilidad de su doctrina no sólo en temas económicos sino también en otras áreas donde la Iglesia tiene más conocimiento y autoridad. La DSI necesita estar actualizada e incorporar todos los avances reconocidos en las ciencias “exactas” y en las ciencias sociales.

Pregunta: Usted es el autor de un famoso libro Economía y ética: Raíces cristianas de la economía de libre mercado. ¿En qué medida pueden los autores de la segunda escolástica ayudarnos a encontrar mejores soluciones para una sociedad libre y floreciente, a la luz del bien común, la ley natural y la dignidad humana?

Dr. Chafuen: El mérito del libro Economía y ética (última edición Raíces Cristianas de la Economía de Libre Mercado, Fundación Progreso-Instituto ResPublica, Santiago, Chile, 2013) se debe en realidad a la lucidez de la segunda escolástica, investigadores en el tránsito de la edad media a la edad moderna que llevaron la indagación racional, iluminada por la fe, al máximo nivel que pudieron. Existen once ediciones del libro, publicado en varios idiomas. La primera vez que me sumergí en la lectura de los escritos económicos de los autores de la segunda escolástica, en la Pontificia Universidad Católica Argentina, yo era un individualista extremo. Mi visión de la persona humana se enriqueció enormemente gracias a la lectura de docenas de libros de filosofía moral, filosofía del derecho, teología, y manuales de confesores. Mi aspiración era escribir un libro sobre cada uno de los temas económicos y sociales que abordaban estos moralistas y que aparecen en capítulos de mi libro.

Estos autores me enseñaron que una economía libre, en el contexto de un marco jurídico respetuoso de la dignidad humana, era completamente consistente con la doctrina y el amor cristianos. También aprendí que estos teólogos ejercieron una gran influencia en el desarrollo de la economía de una sociedad libre en áreas tan diversas como la propiedad privada, el libre comercio, la moneda y muchas otras. Solamente sus enseñanzas sobre el interés parecían ir un tanto a contrapelo de la libertad.

Los escritos de los teólogos de la segunda escolástica ejercieron fuerte influencia sobre los grandes economistas escoceses y europeos, quienes vendrían a generar el clima intelectual que propició el gran salto en el desarrollo económico que se produjo hacia fines del siglo XIX. A comienzos de ese siglo, en Occidente había un elevado grado de consenso en lo que se refiere a la persona humana. La persona humana era concebida como una criatura de Dios, social, espiritual, racional, libre e individual. Cuando hacia fines del siglo XIX y principios del XX la persona humana empezó a ser vista como un mero individuo, un número, una cosa (a fact), se produjo la expansión del colectivismo. En un juego de números, los muchos ganan. Es por esto por lo que hemos podido ver el crecimiento de un colectivismo cruel en el siglo XX. Necesitamos nuevos escolásticos que lleven la mejor ciencia económica y la mejor ciencia social a las aulas, al púlpito, a las empresas y a las instituciones de la sociedad civil. Al permanecer leales a la verdad de lo que es la persona humana y lo que es el saber científico sólido, sus enseñanzas deberían conducir al florecimiento de la sociedad. Los católicos necesitan abocarse más a la tarea de convertirse en  los mejores profesionales, académicos, científicos, y hombres de negocios; y en impregnar la cultura con una antropología rigurosa y con una actitud de apertura genuina hacia el prójimo. Sin embargo, para convertir todo esto en una realidad, necesitaremos enfrentar y superar los desafíos mencionados en las preguntas anteriores.

Nota: La traducción del artículo original “Beyond Contingency”, publicado por Zenit, el 22 de enero de 2014 es de Mario Šilar del Instituto Acton Argentina/Centro Diego de Covarrubias para el Acton Institute.

¿Ricos malos y pobres buenos?

Por Carlos J. Díaz Rodríguez

Fuente: Religión en Libertad

3 de enero de 2014

No hay nada más injusto que generalizar; sin embargo, aunque quizá no nos demos cuenta, nuestra mentalidad tiene mucho que ver con una mentira que a fuerza de tanto repetirla se ha convertido en una “verdad” popular: “los ricos son malos y los pobres son buenos”. La desigualdad social es un escándalo que nos interpela, pero lo cierto es que la solución no se encuentra etiquetando a las personas, según las cifras que arrojen sus estados de cuenta bancarios. La bondad y la maldad afectan al ser humano independientemente de su edad, nacionalidad o profesión. Hay ladrones ricos y pobres, lo mismo que golpeadores e infieles. Por lo tanto, hay que ampliar los horizontes y evitar lanzar juicios precipitados que nos distraigan de lo único importante: trabajar por la dignidad de la persona humana.

manos

En este sentido, conviene mencionar tres posturas que reflejan ignorancia y ganas de llamar la atención:

PRIMERO: “No queremos a los empresarios”: Pensar que el Estado es el único con la facultad de generar empleos –además de restar competitividad en medio de un mercado diverso- es algo ingenuo, una tomada de pelo. Ciertamente, hay que buscar condiciones de trabajo que sean óptimas y equitativas; sin embargo, esto no significa que sea posible prescindir de las aportaciones del sector empresarial. Al contrario, se trata de una instancia de la sociedad que permite una mejor circulación de los bienes y servicios.

SEGUNDO: “Todos los pobres son humildes” ¡Falso! Es posible tener una casa de lámina y, al mismo tiempo, actuar con prepotencia. Pensemos, por ejemplo, en aquellos coordinadores de programas sociales en las grandes zonas de exclusión que, aun siendo tan necesitados como los demás, se quedan con los productos para entregárselos únicamente a los que les sirven.

TERCERO: “El rico explota a la gente”: Sin duda alguna, hay casos concretos de abusos en los que resulta necesario intervenir y, desde ahí, mejorar las relaciones laborales; sin embargo, tampoco significa que el hecho de haberse ganado una buena residencia con un auto a la puerta, sea sinónimo de explotación. No hay que olvidar que muchos de los que hoy viven bien tuvieron que luchar desde abajo. Después de todo lo que pasaron, sería injusto gritarles corruptos por llevar una vida mejor.

Ahora bien, una sólida educación familiar y escolar, permite reducir ampliamente los índices delictivos. El punto es ocuparse de aumentar el acceso a los servicios básicos, sin confundirse y llegar al resentimiento social. No se trata de meter cizaña entre los necesitados para con los ricos. Al contrario, el objetivo es construir puentes de liberación y solidaridad entre ambas partes, cambiando la mentalidad y el empeño por un mundo más justo.

Una selección (¿hay que aclarar que falible?) de importantes párrafos de la evangelii gaudium que nos invitan a una reflexión profunda

Por Gabriel J. Zanotti

Publicado en http://gzanotti.blogspot.com.ar/2014/01/una-seleccion-hay-que-aclarar-que.html

19 de enero de 2014

Más allá del tema del libre mercado, del cual ya me he ocupado, y más allá de ciertos debates teológicos, de los cuales dudo que me pueda o deba ocupar, la Evangelii gaudium está llena de frases que sacuden las conciencias. Por supuesto cada uno tiene que ver cada frase en el contexto del texto. Hay que leer despacio y seguir meditando.

El Evangelio, donde deslumbra gloriosa la Cruz de Cristo, invita insistentemente a la alegría.”

“…Porque, si alguien ha acogido ese amor que le devuelve el sentido de la vida, ¿cómo puede contener el deseo de comunicarlo a otros?”

Un anuncio renovado ofrece a los creyentes, también a los tibios o no practicantes, una nueva alegría en la fe y una fecundidad evangelizadora. En realidad, su centro y esencia es siempre el mismo: el Dios que manifestó su amor inmenso en Cristo muerto y resucitado.”

“….Allí se recordó que la nueva evangelización convoca a todos y se realiza fundamentalmente en tres ámbitos. En primer lugar, mencionemos el ámbito de la pastoral ordinaria, En segundo lugar, recordemos el ámbito de «las personas bautizadas que no viven las exigencias del Bautismo, no tienen una pertenencia cordial a la Iglesia y ya no experimentan el consuelo de la fe. Finalmente, remarquemos que la evangelización está esencialmente conectada con la proclamación del Evangelio a quienes no conocen a Jesucristo o siempre lo han rechazado. Muchos de ellos buscan a Dios secretamente, movidos por la nostalgia de su rostro, aun en países de antigua tradición cristiana. Todos tienen el derecho de recibir el Evangelio. Los cristianos tienen el deber de anunciarlo sin excluir a nadie, no como quien impone una nueva obligación, sino como quien comparte una alegría, señala un horizonte bello, ofrece un banquete deseable.”

“….¿Qué sucedería si nos tomáramos realmente en serio esas palabras? Simplemente reconoceríamos que la salida misionera es el paradigma de toda obra de la Iglesia.”

“…Tampoco creo que deba esperarse del magisterio papal una palabra definitiva o completa sobre todas las cuestiones que afectan a la Iglesia y al mundo. No es conveniente que el Papa reemplace a los episcopados locales en el discernimiento de todas las problemáticas que se plantean en sus territorios. En este sentido, percibo la necesidad de avanzar en una saludable «descentralización».”

“….Cada cristiano y cada comunidad discernirá cuál es el camino que el Señor le pide, pero todos somos invitados a aceptar este llamado: salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio.”

“…La Palabra tiene en sí una potencialidad que no podemos predecir. El Evangelio habla de una semilla que, una vez sembrada, crece por sí sola también cuando el agricultor duerme”.

La Iglesia en salida es la comunidad de discípulos misioneros que primerean, que se involucran, que acompañan, que fructifican y festejan. «Primerear»: sepan disculpar este neologismo. La comunidad evangelizadora experimenta que el Señor tomó la iniciativa, la ha primereado en el amor (cf. 1 Jn 4,10); y, por eso, ella sabe adelantarse, tomar la iniciativa sin miedo, salir al encuentro, buscar a los lejanos y llegar a los cruces de los caminos para invitar a los excluidos. Vive un deseo inagotable de brindar misericordia, fruto de haber experimentado la infinita misericordia del Padre y su fuerza difusiva.”

“…Los evangelizadores tienen así «olor a oveja» y éstas escuchan su voz. Luego, la comunidad evangelizadora se dispone a «acompañar». Acompaña a la humanidad en todos sus procesos, por más duros y prolongados que sean. Sabe de esperas largas y de aguante apostólico. La evangelización tiene mucho de paciencia, y evita maltratar límites. Fiel al don del Señor, también sabe «fructificar».”

“….Hay estructuras eclesiales que pueden llegar a condicionar un dinamismo evangelizador; igualmente las buenas estructuras sirven cuando hay una vida que las anima, las sostiene y las juzga.”

“…Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación.”

“…La pastoral en clave de misión pretende abandonar el cómodo criterio pastoral del «siempre se ha hecho así».”

“…El problema mayor se produce cuando el mensaje que anunciamos aparece entonces identificado con esos aspectos secundarios que, sin dejar de ser importantes, por sí solos no manifiestan el corazón del mensaje de Jesucristo.”

“…Una pastoral en clave misionera no se obsesiona por la transmisión desarticulada de una multitud de doctrinas que se intenta imponer a fuerza de insistencia”.

“…Todas las verdades reveladas proceden de la misma fuente divina y son creídas con la misma fe, pero algunas de ellas son más importantes por expresar más directamente el corazón del Evangelio.”

“…Santo Tomás de Aquino enseñaba que en el mensaje moral de la Iglesia también hay una jerarquía, en las virtudes y en los actos que de ellas proceden. Allí lo que cuenta es ante todo «la fe que se hace activa por la caridad» (Ga 5,6). Las obras de amor al prójimo son la manifestación externa más perfecta de la gracia interior del Espíritu: «La principalidad de la ley nueva está en la gracia del Espíritu Santo, que se manifiesta en la fe que obra por el amor». Por ello explica que, en cuanto al obrar exterior, la misericordia es la mayor de todas las virtudes: «En sí misma la misericordia es la más grande de las virtudes, ya que a ella pertenece volcarse en otros y, más aún, socorrer sus deficiencias. Esto es peculiar del superior, y por eso se tiene como propio de Dios tener misericordia, en la cual resplandece su omnipotencia de modo máximo»

“….queda claro que la predicación moral cristiana no es una ética estoica, es más que una ascesis, no es una mera filosofía práctica ni un catálogo de pecados y errores”.

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“…Si esa invitación no brilla con fuerza y atractivo, el edificio moral de la Iglesia corre el riesgo de convertirse en un castillo de naipes, y allí está nuestro peor peligro.”

“…Además, en el seno de la Iglesia hay innumerables cuestiones acerca de las cuales se investiga y se reflexiona con amplia libertad. Las distintas líneas de pensamiento filosófico, teológico y pastoral, si se dejan armonizar por el Espíritu en el respeto y el amor, también pueden hacer crecer a la Iglesia, ya que ayudan a explicitar mejor el riquísimo tesoro de la Palabra.”

“…La fe siempre conserva un aspecto de cruz, alguna oscuridad que no le quita la firmeza de su adhesión. Hay cosas que sólo se comprenden y valoran desde esa adhesión que es hermana del amor, más allá de la claridad con que puedan percibirse las razones y argumentos.”

“… En su constante discernimiento, la Iglesia también puede llegar a reconocer costumbres propias no directamente ligadas al núcleo del Evangelio, algunas muy arraigadas a lo largo de la historia, que hoy ya no son interpretadas de la misma manera y cuyo mensaje no suele ser percibido adecuadamente. Pueden ser bellas, pero ahora no prestan el mismo servicio en orden a la transmisión del Evangelio. No tengamos miedo de revisarlas. Del mismo modo, hay normas o preceptos eclesiales que pueden haber sido muy eficaces en otras épocas pero que ya no tienen la misma fuerza educativa como cauces de vida. Santo Tomás de Aquino destacaba que los preceptos dados por Cristo y los Apóstoles al Pueblo de Dios «son poquísimos”. Citando a san Agustín, advertía “que los preceptos añadidos por la Iglesia posteriormente deben exigirse con moderación «para no hacer pesada la vida a los fieles» y convertir nuestra religión en una esclavitud, cuando «la misericordia de Dios quiso que fuera libre».Esta advertencia, hecha varios siglos atrás, tiene una tremenda actualidad. Debería ser uno de los criterios a considerar a la hora de pensar una reforma de la Iglesia y de su predicación que permita realmente llegar a todos.”

“…Por lo tanto, sin disminuir el valor del ideal evangélico, hay que acompañar con misericordia y paciencia las etapas posibles de crecimiento de las personas que se van construyendo día a día. A os sacerdotes les recuerdo que el confesionario no debe ser una sala de torturas sino el lugar de la misericordia del Señor que nos estimula a hacer el bien posible.”

“….La Iglesia «en salida» es una Iglesia con las puertas abiertas.”

“….La Iglesia está llamada a ser siempre la casa abierta del Padre. Uno de los signos concretos de esa apertura es tener templos con las puertas abiertas en todas partes. De ese modo, si alguien quiere seguir una moción del Espíritu y se acerca buscando a Dios, no se encontrará con la frialdad de unas puertas cerradas. Pero hay otras puertas que tampoco se deben cerrar.”

“…. la Iglesia no es una aduana”.

“…Si la Iglesia entera asume este dinamismo misionero, debe llegar a todos, sin excepciones. Pero ¿a quiénes debería privilegiar? Cuando uno lee el Evangelio, se encuentra con una orientación contundente: no tanto a los amigos y vecinos ricos sino sobre todo a los pobres y enfermos, a esos que suelen ser despreciados y olvidados, a aquellos que «no tienen con qué recompensarte» (Lc 14,14).”

“….Salgamos, salgamos a ofrecer a todos la vida de Jesucristo. Repito aquí para toda la Iglesia lo que muchas veces he dicho a los sacerdotes y laicos de Buenos Aires: prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades.”

“….No es función del Papa ofrecer un análisis detallado y completo sobre la realidad contemporánea, pero aliento a todas las comunidades a una «siempre vigilante capacidad de estudiar los signos de los tiempos».”

“…Además, es necesario que reconozcamos que, si parte de nuestro pueblo bautizado no experimenta su pertenencia a la Iglesia, se debe también a la existencia de unas estructuras y a un clima poco acogedores en algunas de nuestras parroquias y comunidades, o a una actitud burocrática para dar respuesta a los problemas, simples o complejos, de la vida de nuestros pueblos.”

“…Así, pueden advertirse en muchos agentes evangelizadores, aunque oren, una acentuación del individualismo, una crisis de identidad y una caída del fervor. Son tres males que se alimentan entre sí”.

“…aunque recen, muchos agentes pastorales desarrollan una especie de complejo de inferioridad que les lleva a relativizar u ocultar su identidad cristiana y sus convicciones.”

“…Este relativismo práctico es actuar como si Dios no existiera, decidir como si los pobres no existieran, soñar como si los demás no existieran, trabajar como si quienes no recibieron el anuncio no existieran. Llama la atención que aun quienes aparentemente poseen sólidas convicciones doctrinales y espirituales suelen caer en un estilo de vida que los lleva a aferrarse a seguridades económicas, o a espacios de poder y de gloria humana que se procuran por cualquier medio, en lugar de dar la vida por los demás en la misión. ¡No nos dejemos robar el entusiasmo misionero!”

“….Cuando más necesitamos un dinamismo misionero que lleve sal y luz al mundo, muchos laicos sienten el temor de que alguien les invite a realizar alguna tarea apostólica, y tratan de escapar de cualquier compromiso que les pueda quitar su tiempo libre. Hoy se ha vuelto muy difícil, por ejemplo, conseguir catequistas capacitados para las parroquias y que perseveren en la tarea durante varios años. Pero algo semejante sucede con los sacerdotes, que cuidan con obsesión su tiempo personal.”

“…El problema no es siempre el exceso de actividades, sino sobre todo las actividades mal vividas, sin las motivaciones adecuadas, sin una espiritualidad que impregne la acción y la haga deseable. De ahí que las tareas cansen más de lo razonable, y a veces enfermen. No se trata de un cansancio feliz, sino tenso, pesado, insatisfecho y, en definitiva, no aceptado. Esta acedia pastoral puede tener diversos orígenes. Algunos caen en ella por sostener proyectos irrealizables y no vivir con ganas lo que buenamente podrían hacer. Otros, por no aceptar la costosa evolución de los procesos y querer que todo caiga del cielo. Otros, por apegarse a algunos proyectos o a sueños de éxitos imaginados por su vanidad. Otros, por perder el contacto real con el pueblo, en una despersonalización de la pastoral que lleva a prestar más atención a la organización que a las personas, y entonces les entusiasma más la «hoja de ruta» que la ruta misma. Otros caen en la acedia por no saber esperar y querer dominar el ritmo de la vida. El inmediatismo ansioso de estos tiempos hace que los agentes pastorales no toleren fácilmente lo que signifique alguna contradicción, un aparente fracaso, una crítica, una cruz”.

“…La alegría del Evangelio es esa que nada ni nadie nos podrá quitar (cf. Jn 16,22). Los males de nuestro mundo –y los de la Iglesia– no deberían ser excusas para reducir nuestra entrega y nuestro fervor.”

«Llegan, a veces, a nuestros oídos, hiriéndolos, ciertas insinuaciones de algunas personas que, aun en su celo ardiente, carecen del sentido de la discreción y de la medida. Ellas no ven en los tiempos modernos sino prevaricación y ruina […] Nos parece justo disentir de tales profetas de calamidades, avezados a anunciar siempre infaustos acontecimientos, como si el fin de los tiempos estuviese inminente. En el presente momento histórico, la Providencia nos está llevando a un nuevo orden de relaciones humanas que, por obra misma de los hombres pero más aún por encima de sus mismas intenciones, se encaminan al cumplimiento de planes superiores e inesperados; pues todo, aun las humanas adversidades, aquélla lo dispone para mayor bien de la Iglesia»

“…Una de las tentaciones más serias que ahogan el fervor y la audacia es la conciencia de derrota que nos convierte en pesimistas quejosos y desencantados con cara de vinagre.”

«Te basta mi gracia, porque mi fuerza se manifiesta en la debilidad» (2 Co12,9). El triunfo cristiano es siempre una cruz, pero una cruz que al mismo tiempo es bandera de victoria, que se lleva con una ternura combativa ante los embates del mal.”

En todo caso, allí estamos llamados a ser personas-cántaros para dar de beber a los demás.”

“…El ideal cristiano siempre invitará a superar la sospecha, la desconfianza permanente, el temor a ser invadidos, las actitudes defensivas que nos impone el mundo actual. Muchos tratan de escapar de los demás hacia la privacidad cómoda o hacia el reducido círculo de los más íntimos, y renuncian al realismo de la dimensión social del Evangelio. Porque, así como algunos quisieran un Cristo puramente espiritual, sin carne y sin cruz, también se pretenden relaciones interpersonales sólo mediadas por aparatos sofisticados, por pantallas y sistemas que se puedan encender y apagar a voluntad. Mientras tanto, el Evangelio nos invita siempre a correr el riesgo del encuentro con el rostro del otro, con su presencia física que interpela, con su dolor y sus reclamos, con su alegría que contagia en un constante cuerpo a cuerpo.”

“… La mundanidad espiritual, que se esconde detrás de apariencias de religiosidad e incluso de amor a la Iglesia, es buscar, en lugar de la gloria del Señor, la gloria humana y el bienestar personal. Es lo que el Señor reprochaba a los fariseos: «¿Cómo es posible que creáis, vosotros que os glorificáis unos a otros y no os preocupáis por la gloria que sólo viene de Dios?» (Jn 5,44). Es un modo sutil de buscar «sus propios intereses y no los de Cristo Jesús» (Flp2,21). Toma muchas formas, de acuerdo con el tipo de personas y con los estamentos en los que se enquista. Por estar relacionada con el cuidado de la apariencia, no siempre se conecta con pecados públicos, y por fuera todo parece correcto. Pero, si invadiera la Iglesia, «sería infinitamente más desastrosa que cualquiera otra mundanidad simplemente moral»

“…Esta mundanidad puede alimentarse especialmente de dos maneras profundamente emparentadas. Una es la fascinación del gnosticismo, una fe encerrada en el subjetivismo, donde sólo interesa una determinada experiencia o una serie de razonamientos y conocimientos que supuestamente reconfortan e iluminan, pero en definitiva el sujeto queda clausurado en la inmanencia de su propia razón o de sus sentimientos. La otra es el neopelagianismo autorreferencial y prometeico de quienes en el fondo sólo confían en sus propias fuerzas y se sienten superiores a otros por cumplir determinadas normas o por ser inquebrantablemente fieles a cierto estilo católico propio del pasado. Es una supuesta seguridad doctrinal o disciplinaria que da lugar a un elitismo narcisista y autoritario, donde en lugar de evangelizar lo que se hace es analizar y clasificar a los demás, y en lugar de facilitar el acceso a la gracia se gastan las energías en controlar.”

“…Esta oscura mundanidad se manifiesta en muchas actitudes aparentemente opuestas pero con la misma pretensión de «dominar el espacio de la Iglesia». En algunos hay un cuidado ostentoso de la liturgia, de la doctrina y del prestigio de la Iglesia, pero sin preocuparles que el Evangelio tenga una real inserción en el Pueblo fiel de Dios y en las necesidades concretas de la historia. Así, la vida de la Iglesia se convierte en una pieza de museo o en una posesión de pocos. En otros, la misma mundanidad espiritual se esconde detrás de una fascinación por mostrar conquistas sociales y políticas, o en una vanagloria ligada a la gestión de asuntos prácticos, o en un embeleso por las dinámicas de autoayuda y de realización autorreferencial. También puede traducirse en diversas formas de mostrarse a sí mismo en una densa vida social llena de salidas, reuniones, cenas, recepciones. O bien se despliega en un funcionalismo empresarial, cargado de estadísticas, planificaciones y evaluaciones, donde el principal beneficiario no es el Pueblo de Dios sino la Iglesia como organización. En todos los casos, no lleva el sello de Cristo encarnado, crucificado y resucitado, se encierra en grupos elitistas, no sale realmente a buscar a los perdidos ni a las inmensas multitudes sedientas de Cristo. Ya no hay fervor evangélico, sino el disfrute espurio de una autocomplacencia egocéntrica.”

“…. Quien ha caído en esta mundanidad mira de arriba y de lejos, rechaza la profecía de los hermanos, descalifica a quien lo cuestione, destaca constantemente los errores ajenos y se obsesiona por la apariencia.”

“….La mundanidad espiritual lleva a algunos cristianos a estar en guerra con otros cristianos que se interponen en su búsqueda de poder, prestigio, placer o seguridad económica.”

“…Por ello me duele tanto comprobar cómo en algunas comunidades cristianas, y aun entre personas consagradas, consentimos diversas formas de odio, divisiones, calumnias, difamaciones, venganzas, celos, deseos de imponer las propias ideas a costa de cualquier cosa, y hasta persecuciones que parecen una implacable caza de brujas. ¿A quién vamos a evangelizar con esos comportamientos”

“…En algunos casos porque no se formaron para asumir responsabilidades importantes, en otros por no encontrar espacio en sus Iglesias particulares para poder expresarse y actuar, a raíz de un excesivo clericalismo que los mantiene al margen de las decisiones.”

“…Pero todavía es necesario ampliar los espacios para una presencia femenina más incisiva en la Iglesia.”

“…Las reivindicaciones de los legítimos derechos de las mujeres, a partir de la firme convicción de que varón y mujer tienen la misma dignidad, plantean a la Iglesia profundas preguntas que la desafían y que no se pueden eludir superficialmente. El sacerdocio reservado a los varones, como signo de Cristo Esposo que se entrega en la Eucaristía, es una cuestión que no se pone en discusión, pero puede volverse particularmente conflictiva si se identifica demasiado la potestad sacramental con el poder. No hay que olvidar que cuando hablamos de la potestad sacerdotal «nos encontramos en el ámbito de la función, no de la dignidad ni de la santidad». El sacerdocio ministerial es uno de los medios que Jesús utiliza al servicio de su pueblo, pero la gran dignidad viene del Bautismo, que es accesible a todos. La configuración del sacerdote con Cristo Cabeza –es decir, como fuente capital de la gracia– no implica una exaltación que lo coloque por encima del resto. En la Iglesia las funciones «no dan lugar a la superioridad de los unos sobre los otros». De hecho, una mujer, María, es más importante que los obispos. Aun cuando la función del sacerdocio ministerial se considere «jerárquica», hay que tener bien presente que «está ordenada totalmente a la santidad de los miembros del Cuerpo místico de Cristo». Su clave y su eje no son el poder entendido como dominio, sino la potestad de administrar el sacramento de la Eucaristía; de aquí deriva su autoridad, que es siempre un servicio al pueblo. Aquí hay un gran desafío para los pastores y para los teólogos, que podrían ayudar a reconocer mejor lo que esto implica con respecto al posible lugar de la mujer allí donde se toman decisiones importantes, en los diversos ámbitos de la Iglesia.”

“….a pesar de la escasez vocacional, hoy se tiene más clara conciencia de la necesidad de una mejor selección de los candidatos al sacerdocio. No se pueden llenar los seminarios con cualquier tipo de motivaciones, y menos si éstas se relacionan con inseguridades afectivas, búsquedas de formas de poder, glorias humanas o bienestar económico.”

“….La salvación que Dios nos ofrece es obra de su misericordia. No hay acciones humanas, por más buenas que sean, que nos hagan merecer un don tan grande.”

“….Esta salvación, que realiza Dios y anuncia gozosamente la Iglesia, es para todos, y Dios ha gestado un camino para unirse a cada uno de los seres humanos de todos los tiempos. Ha elegido convocarlos como pueblo y no como seres aislados. Nadie se salva solo, esto es, ni como individuo aislado ni por sus propias fuerzas.”

“….La Iglesia tiene que ser el lugar de la misericordia gratuita, donde todo el mundo pueda sentirse acogido, amado, perdonado y alentado a vivir según la vida buena del Evangelio.”

“….En estos dos milenios de cristianismo, innumerable cantidad de pueblos han recibido la gracia de la fe, la han hecho florecer en su vida cotidiana y la han transmitido según sus modos culturales propios. Cuando una comunidad acoge el anuncio de la salvación, el Espíritu Santo fecunda su cultura con la fuerza transformadora del Evangelio.”

“….Bien entendida, la diversidad cultural no amenaza la unidad de la Iglesia.”

“….Esta convicción se convierte en un llamado dirigido a cada cristiano, para que nadie postergue su compromiso con la evangelización, pues si uno de verdad ha hecho una experiencia del amor de Dios que lo salva, no necesita mucho tiempo de preparación para salir a anunciarlo, no puede esperar que le den muchos cursos o largas instrucciones.”

“…. En esta predicación, siempre respetuosa y amable, el primer momento es un diálogo personal, donde la otra persona se expresa y comparte sus alegrías, sus esperanzas, las inquietudes por sus seres queridos y tantas cosas que llenan el corazón. Sólo después de esta conversación es posible presentarle la Palabra”

“…. El Espíritu Santo también enriquece a toda la Iglesia evangelizadora con distintos carismas. Son dones para renovar y edificar la Iglesia. No son un patrimonio cerrado, entregado a un grupo para que lo custodie; más bien son regalos del Espíritu integrados en el cuerpo eclesial, atraídos hacia el centro que es Cristo, desde donde se encauzan en un impulso evangelizador. Un signo claro de la autenticidad de un carisma es su eclesialidad, su capacidad para integrarse armónicamente en la vida del santo Pueblo fiel de Dios para el bien de todos. Una verdadera novedad suscitada por el Espíritu no necesita arrojar sombras sobre otras espiritualidades y dones para afirmarse a sí misma. En la medida en que un carisma dirija mejor su mirada al corazón del Evangelio, más eclesial será su ejercicio. En la comunión, aunque duela, es donde un carisma se vuelve auténtica y misteriosamente fecundo. Si vive este desafío, la Iglesia puede ser un modelo para la paz en el mundo.”

“….El anuncio a la cultura implica también un anuncio a las culturas profesionales, científicas y académicas. Se trata del encuentro entre la fe, la razón y las ciencias, que procura desarrollar un nuevo discurso de la credibilidad, una original apologética que ayude a crear las disposiciones para que el Evangelio sea escuchado por todos. Cuando algunas categorías de la razón y de las ciencias son acogidas en el anuncio del mensaje, esas mismas categorías se convierten en instrumentos de evangelización; es el agua convertida en vino. Es aquello que, asumido, no sólo es redimido sino que se vuelve instrumento del Espíritu para iluminar y renovar el mundo.”

“…. Las Universidades son un ámbito privilegiado para pensar y desarrollar este empeño evangelizador de un modo interdisciplinario e integrador. Las escuelas católicas, que intentan siempre conjugar la tarea educativa con el anuncio explícito del Evangelio, constituyen un aporte muy valioso a la evangelización de la cultura, aun en los países y ciudades donde una situación adversa nos estimule a usar nuestra creatividad para encontrar los caminos adecuados”

“….Un diálogo es mucho más que la comunicación de una verdad. Se realiza por el gusto de hablar y por el bien concreto que se comunica entre los que se aman por medio de las palabras. Es un bien que no consiste en cosas, sino en las personas mismas que mutuamente se dan en el diálogo. La predicación puramente moralista o adoctrinadora, y también la que se convierte en una clase de exégesis, reducen esta comunicación entre corazones que se da en la homilía y que tiene que tener un carácter cuasi sacramental”.

“….El primer paso, después de invocar al Espíritu Santo, es prestar toda la atención al texto bíblico, que debe ser el fundamento de la predicación.”

“….el texto bíblico que estudiamos tiene dos mil o tres mil años, su lenguaje es muy distinto del que utilizamos ahora. Por más que nos parezca entender las palabras, que están traducidas a nuestra lengua, eso no significa que comprendemos correctamente cuanto quería expresar el escritor sagrado.”

“…Si está vivo este deseo de escuchar primero nosotros la Palabra que tenemos que predicar, ésta se transmitirá de una manera u otra al Pueblo fiel de Dios: «de la abundancia del corazón habla la boca». Jesús se irritaba frente a esos pretendidos maestros, muy exigentes con los demás, que enseñaban la Palabra de Dios, pero no se dejaban iluminar por ella”

“….la predicación consistirá en esa actividad tan intensa y fecunda que es «comunicar a otros lo que uno ha contemplado».”

“….Se trata de conectar el mensaje del texto bíblico con una situación humana, con algo que ellos viven, con una experiencia que necesite la luz de la Palabra.”

“….Otra característica es el lenguaje positivo. No dice tanto lo que no hay que hacer sino que propone lo que podemos hacer mejor. En todo caso, si indica algo negativo, siempre intenta mostrar también un valor positivo que atraiga, para no quedarse en la queja, el lamento, la crítica o el remordimiento. Además, una predicación positiva siempre da esperanza, orienta hacia el futuro, no nos deja encerrados en la negatividad.”

“….que exprese el amor salvífico de Dios previo a la obligación moral y religiosa, que no imponga la verdad y que apele a la libertad, que posea unas notas de alegría, estímulo, vitalidad, y una integralidad armoniosa que no reduzca la predicación a unas pocas doctrinas a veces más filosóficas que evangélicas. Esto exige al evangelizador ciertas actitudes que ayudan a acoger mejor el anuncio: cercanía, apertura al diálogo, paciencia, acogida cordial que no condena.”

“….Más que como expertos en diagnósticos apocalípticos u oscuros jueces que se ufanan en detectar todo peligro o desviación, es bueno que puedan vernos como alegres mensajeros de propuestas superadoras, custodios del bien y la belleza que resplandecen en una vida fiel al Evangelio.”

“….El acompañamiento personal de los procesos de crecimiento”

“….En una civilización paradójicamente herida de anonimato y, a la vez obsesionada por los detalles de la vida de los demás, impudorosamente enferma de curiosidad malsana, la Iglesia necesita la mirada cercana para contemplar, conmoverse y detenerse ante el otro cuantas veces sea necesario.”

“….Más que nunca necesitamos de hombres y mujeres que, desde su experiencia de acompañamiento, conozcan los procesos donde campea la prudencia, la capacidad de comprensión, el arte de esperar, la docilidad al Espíritu…”

“… Para llegar a un punto de madurez, es decir, para que las personas sean capaces de decisiones verdaderamente libres y responsables, es preciso dar tiempo, con una inmensa paciencia.”

“…El Evangelio nos propone corregir y ayudar a crecer a una persona a partir del reconocimiento de la maldad objetiva de sus acciones (cf. Mt 18,15), pero sin emitir juicios sobre su responsabilidad y su culpabilidad”

La Palabra de Dios enseña que en el hermano está la permanente prolongación de la Encarnación para cada uno de nosotros: «Lo que hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, lo hicisteis a mí» (Mt 25,40). Lo que hagamos con los demás tiene una dimensión trascendente: «Con la medida con que midáis, se os medirá» (Mt 7,2); y responde a la misericordia divina con nosotros: «Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo. No juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados; dad y se os dará […] Con la medida con que midáis, se os medirá» (Lc 6,36-38). Lo que expresan estos textos es la absoluta prioridad de la «salida de sí hacia el hermano» como uno de los dos mandamientos principales que fundan toda norma moral y como el signo más claro para discernir acerca del camino de crecimiento espiritual en respuesta a la donación absolutamente gratuita de Dios.”

Si alguien se siente ofendido por mis palabras, le digo que las expreso con afecto y con la mejor de las intenciones, lejos de cualquier interés personal o ideología política.”

Sin embargo, esta defensa de la vida por nacer está íntimamente ligada a la defensa de cualquier derecho humano. Supone la convicción de que un ser humano es siempre sagrado e inviolable, en cualquier situación y en cada etapa de su desarrollo. Es un fin en sí mismo y nunca un medio para resolver otras dificultades. Si esta convicción cae, no quedan fundamentos sólidos y permanentes para defender los derechos humanos, que siempre estarían sometidos a conveniencias circunstanciales de los poderosos de turno. La sola razón es suficiente para reconocer el valor inviolable de cualquier vida humana, pero si además la miramos desde la fe, «toda violación de la dignidad personal del ser humano grita venganza delante de Dios y se configura como ofensa al Creador del hombre».

“….también es verdad que hemos hecho poco para acompañar adecuadamente a las mujeres que se encuentran en situaciones muy duras, donde el aborto se les presenta como una rápida solución a sus profundas angustias, particularmente cuando la vida que crece en ellas ha surgido como producto de una violación o en un contexto de extrema pobreza. ¿Quién puede dejar de comprender esas situaciones de tanto dolor?”

“…Hay una tensión bipolar entre la plenitud y el límite. La plenitud provoca la voluntad de poseerlo todo, y el límite es la pared que se nos pone delante. El «tiempo», ampliamente considerado, hace referencia a la plenitud como expresión del horizonte que se nos abre, y el momento es expresión del límite que se vive en un espacio acotado. Los ciudadanos viven en tensión entre la coyuntura del momento y la luz del tiempo, del horizonte mayor, de la utopía que nos abre al futuro como causa final que atrae. De aquí surge un primer principio para avanzar en la construcción de un pueblo: el tiempo es superior al espacio.”

Este principio permite trabajar a largo plazo, sin obsesionarse por resultados inmediatos.”

“….en la actividad sociopolítica consiste en privilegiar los espacios de poder en lugar de los tiempos de los procesos. Darle prioridad al espacio lleva a enloquecerse para tener todo resuelto en el presente, para intentar tomar posesión de todos los espacios de poder y autoafirmación. Es cristalizar los procesos y pretender detenerlos. Darle prioridad al tiempo es ocuparse de iniciar procesos más que de poseer espacios.”

“…Este criterio también es muy propio de la evangelización, que requiere tener presente el horizonte, asumir los procesos posibles y el camino largo. El Señor mismo en su vida mortal dio a entender muchas veces a sus discípulos que había cosas que no podían comprender todavía y que era necesario esperar al Espíritu Santo (cf. Jn 16,12-13). La parábola del trigo y la cizaña (cf. Mt 13,24-30) grafica un aspecto importante de la evangelización que consiste en mostrar cómo el enemigo puede ocupar el espacio del Reino y causar daño con la cizaña, pero es vencido por la bondad del trigo que se manifiesta con el tiempo”.

“….la realidad es superior a la idea. Esto supone evitar diversas formas de ocultar la realidad: los purismos angélicos, los totalitarismos de lo relativo, los nominalismos declaracionistas, los proyectos más formales que reales, los fundamentalismos ahistóricos, los eticismos sin bondad, los intelectualismos sin sabiduría.”

“….El modelo es el poliedro, que refleja la confluencia de todas las parcialidades que en él conservan su originalidad. Tanto la acción pastoral como la acción política procuran recoger en ese poliedro lo mejor de cada uno. Allí entran los pobres con su cultura, sus proyectos y sus propias potencialidades.”

“….A los cristianos, este principio nos habla también de la totalidad o integridad del Evangelio que la Iglesia nos transmite y nos envía a predicar. Su riqueza plena incorpora a los académicos y a los obreros, a los empresarios y a los artistas, a todos.”

“…. La evangelización también implica un camino de diálogo. Para la Iglesia, en este tiempo hay particularmente tres campos de diálogo en los cuales debe estar presente, para cumplir un servicio a favor del pleno desarrollo del ser humano y procurar el bien común: el diálogo con los Estados, con la sociedad –que incluye el diálogo con las culturas y con las ciencias– y con otros creyentes que no forman parte de la Iglesia católica.”

“…. En el diálogo con el Estado y con la sociedad, la Iglesia no tiene soluciones para todas las cuestiones particulares.”

“…La Iglesia no pretende detener el admirable progreso de las ciencias. Al contrario, se alegra e incluso disfruta reconociendo el enorme potencial que Dios ha dado a la mente humana. Cuando el desarrollo de las ciencias, manteniéndose con rigor académico en el campo de su objeto específico, vuelve evidente una determinada conclusión que la razón no puede negar, la fe no la contradice.”

“…en ocasiones, algunos científicos van más allá del objeto formal de su disciplina y se extralimitan con afirmaciones o conclusiones que exceden el campo de la propia ciencia. En ese caso, no es la razón lo que se propone, sino una determinada ideología que cierra el camino a un diálogo auténtico, pacífico y fructífero”.

“…Una mirada muy especial se dirige al pueblo judío, cuya Alianza con Dios jamás ha sido revocada, porque «los dones y el llamado de Dios son irrevocables» (Rm 11,29). La Iglesia, que comparte con el Judaísmo una parte importante de las Sagradas Escrituras, considera al pueblo de la Alianza y su fe como una raíz sagrada de la propia identidad cristiana (cf. Rm 11,16-18). Los cristianos no podemos considerar al Judaísmo como una religión ajena, ni incluimos a los judíos entre aquellos llamados a dejar los ídolos para convertirse al verdadero Dios (cf. 1 Ts 1,9). Creemos junto con ellos en el único Dios que actúa en la historia, y acogemos con ellos la común Palabra revelada.”

El diálogo y la amistad con los hijos de Israel son parte de la vida de los discípulos de Jesús. El afecto que se ha desarrollado nos lleva a lamentar sincera y amargamente las terribles persecuciones de las que fueron y son objeto, particularmente aquellas que involucran o involucraron a cristianos.”

“… Dios sigue obrando en el pueblo de la Antigua Alianza y provoca tesoros de sabiduría que brotan de su encuentro con la Palabra divina. Por eso, la Iglesia también se enriquece cuando recoge los valores del Judaísmo. Si bien algunas convicciones cristianas son inaceptables para el Judaísmo, y la Iglesia no puede dejar de anunciar a Jesús como Señor y Mesías, existe una rica complementación que nos permite leer juntos los textos de la Biblia hebrea y ayudarnos mutuamente a desentrañar las riquezas de la Palabra, así como compartir muchas convicciones éticas y la común preocupación por la justicia y el desarrollo de los pueblos.”

“….Un sincretismo conciliador sería en el fondo un totalitarismo de quienes pretenden conciliar prescindiendo de valores que los trascienden y de los cuales no son dueños. La verdadera apertura implica mantenerse firme en las propias convicciones más hondas, con una identidad clara y gozosa, pero «abierto a comprender las del otro» y «sabiendo que el diálogo realmente puede enriquecer a cada uno». No nos sirve una apertura diplomática, que dice que sí a todo para evitar problemas, porque sería un modo de engañar al otro y de negarle el bien que uno ha recibido como un don para compartir generosamente. La evangelización y el diálogo interreligioso, lejos de oponerse, se sostienen y se alimentan recíprocamente”.

“….Para sostener el diálogo con el Islam es indispensable la adecuada formación de los interlocutores, no sólo para que estén sólida y gozosamente radicados en su propia identidad, sino para que sean capaces de reconocer los valores de los demás, de comprender las inquietudes que subyacen a sus reclamos y de sacar a luz las convicciones comunes. Los cristianos deberíamos acoger con afecto y respeto a los inmigrantes del Islam que llegan a nuestros países, del mismo modo que esperamos y rogamos ser acogidos y respetados en los países de tradición islámica. ¡Ruego, imploro humildemente a esos países que den libertad a los cristianos para poder celebrar su culto y vivir su fe, teniendo en cuenta la libertad que los creyentes del Islam gozan en los países occidentales! Frente a episodios de fundamentalismo violento que nos inquietan, el afecto hacia los verdaderos creyentes del Islam debe llevarnos a evitar odiosas generalizaciones, porque el verdadero Islam y una adecuada interpretación del Corán se oponen a toda violencia.”

“…Los no cristianos, por la gratuita iniciativa divina, y fieles a su conciencia, pueden vivir «justificados mediante la gracia de Dios»,y así «asociados al misterio pascual de Jesucristo». Pero, debido a la dimensión sacramental de la gracia santificante, la acción divina en ellos tiende a producir signos, ritos, expresiones sagradas que a su vez acercan a otros a una experiencia comunitaria de camino hacia Dios. No tienen el sentido y la eficacia de los Sacramentos instituidos por Cristo, pero pueden ser cauces que el mismo Espíritu suscite para liberar a los no cristianos del inmanentismo ateo o de experiencias religiosas meramente individuales. El mismo Espíritu suscita en todas partes diversas formas de sabiduría práctica que ayudan a sobrellevar las penurias de la existencia y a vivir con más paz y armonía.”

“…Los Padres sinodales recordaron la importancia del respeto a la libertad religiosa, considerada como un derecho humano fundamental. Incluye «la libertad de elegir la religión que se estima verdadera y de manifestar públicamente la propia creencia».Un sano pluralismo, que de verdad respete a los diferentes y los valore como tales, no implica una privatización de las religiones, con la pretensión de reducirlas al silencio y la oscuridad de la conciencia de cada uno, o a la marginalidad del recinto cerrado de los templos, sinagogas o mezquitas. Se trataría, en definitiva, de una nueva forma de discriminación y de autoritarismo. El debido respeto a las minorías de agnósticos o no creyentes no debe imponerse de un modo arbitrario que silencie las convicciones de mayorías creyentes o ignore la riqueza de las tradiciones religiosas. Eso a la larga fomentaría más el resentimiento que la tolerancia y la paz.”

“…. Los creyentes nos sentimos cerca también de quienes, no reconociéndose parte de alguna tradición religiosa, buscan sinceramente la verdad, la bondad y la belleza, que para nosotros tienen su máxima expresión y su fuente en Dios. Los percibimos como preciosos aliados en el empeño por la defensa de la dignidad humana, en la construcción de una convivencia pacífica entre los pueblos y en la custodia de lo creado. Un espacio peculiar es el de los llamados nuevos Areópagos, como el «Atrio de los Gentiles», donde «creyentes y no creyentes pueden dialogar sobre los temas fundamentales de la ética, del arte y de la ciencia, y sobre la búsqueda de la trascendencia». Éste también es un camino de paz para nuestro mundo herido.”

“… En todos los momentos de la historia están presentes la debilidad humana, la búsqueda enfermiza de sí mismo, el egoísmo cómodo y, en definitiva, la concupiscencia que nos acecha a todos. Eso está siempre, con un ropaje o con otro; viene del límite humano más que de las circunstancias. Entonces, no digamos que hoy es más difícil; es distinto.”

“….Toda la vida de Jesús, su forma de tratar a los pobres, sus gestos, su coherencia, su generosidad cotidiana y sencilla, y finalmente su entrega total, todo es precioso y le habla a la propia vida.”

“….una persona que no está convencida, entusiasmada, segura, enamorada, no convence a nadie.”

“….Es verdad que, en nuestra relación con el mundo, se nos invita a dar razón de nuestra esperanza, pero no como enemigos que señalan y condenan. Se nos advierte muy claramente: «Hacedlo con dulzura y respeto» (1 Pe 3,16), y «en lo posible y en cuanto de vosotros dependa, en paz con todos los hombres» (Rm 12,18). También se nos exhorta a tratar de vencer «el mal con el bien» (Rm 12,21), sin cansarnos «de hacer el bien» (Ga 6,9) y sin pretender aparecer como superiores, sino «considerando a los demás como superiores a uno mismo» (Flp 2,3). De hecho, los Apóstoles del Señor gozaban de «la simpatía de todo el pueblo» (Hch 2,47; 4,21.33; 5,13).”

“…Simultáneamente, un misionero entregado experimenta el gusto de ser un manantial, que desborda y refresca a los demás. Sólo puede ser misionero alguien que se sienta bien buscando el bien de los demás, deseando la felicidad de los otros. Esa apertura del corazón es fuente de felicidad, porque «hay más alegría en dar que en recibir» (Hch 20,35). Uno no vive mejor si escapa de los demás, si se esconde, si se niega a compartir, si se resiste a dar, si se encierra en la comodidad. Eso no es más que un lento suicidio.”

“…. La misión en el corazón del pueblo no es una parte de mi vida, o un adorno que me puedo quitar; no es un apéndice o un momento más de la existencia. Es algo que yo no puedo arrancar de mi ser si no quiero destruirme. Yo soy una misión en esta tierra, y para eso estoy en este mundo. Hay que reconocerse a sí mismo como marcado a fuego por esa misión de iluminar, bendecir, vivificar, levantar, sanar, liberar. Allí aparece la enfermera de alma, el docente de alma, el político de alma, esos que han decidido a fondo ser con los demás y para los demás.”

“….Sin embargo, no es lo mismo cuando uno, por cansancio, baja momentáneamente los brazos que cuando los baja definitivamente dominado por un descontento crónico, por una acedia que le seca el alma. Puede suceder que el corazón se canse de luchar porque en definitiva se busca a sí mismo en un carrerismo sediento de reconocimientos, aplausos, premios, puestos; entonces, uno no baja los brazos, pero ya no tiene garra, le falta resurrección. Así, el Evangelio, que es el mensaje más hermoso que tiene este mundo, queda sepultado debajo de muchas excusas.”

“….Como no siempre vemos esos brotes, nos hace falta una certeza interior y es la convicción de que Dios puede actuar en cualquier circunstancia, también en medio de aparentes fracasos, porque «llevamos este tesoro en recipientes de barro» (2 Co 4,7). Esta certeza es lo que se llama «sentido de misterio». Es saber con certeza que quien se ofrece y se entrega a Dios por amor seguramente será fecundo (cf. Jn 15,5). Tal fecundidad es muchas veces invisible, inaferrable, no puede ser contabilizada. Uno sabe bien que su vida dará frutos, pero sin pretender saber cómo, ni dónde, ni cuándo. Tiene la seguridad de que no se pierde ninguno de sus trabajos realizados con amor, no se pierde ninguna de sus preocupaciones sinceras por los demás, no se pierde ningún acto de amor a Dios, no se pierde ningún cansancio generoso, no se pierde ninguna dolorosa paciencia. Todo eso da vueltas por el mundo como una fuerza de vida. A veces nos parece que nuestra tarea no ha logrado ningún resultado, pero la misión no es un negocio ni un proyecto empresarial, no es tampoco una organización humanitaria, no es un espectáculo para contar cuánta gente asistió gracias a nuestra propaganda; es algo mucho más profundo, que escapa a toda medida. Quizás el Señor toma nuestra entrega para derramar bendiciones en otro lugar del mundo donde nosotros nunca iremos. El Espíritu Santo obra como quiere, cuando quiere y donde quiere; nosotros nos entregamos pero sin pretender ver resultados llamativos. Sólo sabemos que nuestra entrega es necesaria. Aprendamos a descansar en la ternura de los brazos del Padre en medio de la entrega creativa y generosa. Sigamos adelante, démoslo todo, pero dejemos que sea Él quien haga fecundos nuestros esfuerzos como a Él le parezca.”

“…Es verdad que esta confianza en lo invisible puede producirnos cierto vértigo: es como sumergirse en un mar donde no sabemos qué vamos a encontrar. Yo mismo lo experimenté tantas veces.”

“…No es difícil notar en este inicio una particular fatiga del corazón, unida a una especie de “noche de la fe” –usando una expresión de san Juan de la Cruz–, como un “velo” a través del cual hay que acercarse al Invisible y vivir en intimidad con el misterio. Pues de este modo María, durante muchos años, permaneció en intimidad con el misterio de su Hijo, y avanzaba en su itinerario de fe».

(Sobre María): “…Esta dinámica de justicia y ternura, de contemplar y caminar hacia los demás, es lo que hace de ella un modelo eclesial para la evangelización.”