La Opción por los pobres no es necesariamente una opción por el estado

23 Marzo 2013


Rev. Robert Sirico

“Es realmente  posible tener una ‘opción preferencial por los pobres’ sin que ello implique una opción preferencial por el estado”. Ésta es la idea con la que cierra la entrevista el Padre Sirico, presidente del Acton Institute (Michigan, EE.UU.). El Acton Institute tiene un centro en Roma (Italia), y otro en el país de donde proviene el actual Papa, Argentina. En estos días, el Padre Sirico ha estado en Italia siguiendo el cónclave.

Padre Sirico, ¿cuál es su opinión en este momento especial que vive la Iglesia y sobre la elección del nuevo pontífice?

Me causa grata impresión ya que lo veo como el Papa justo en el momento justo. Obviamente, se trata de un hombre de profunda humildad y oración, y en una sociedad que es cada vez más superficial uno puede sentir la profundidad de su alma.

En concreto, ¿qué piensa de la impronta de austeridad y de acercamiento al pueblo que el actual pontífice está proponiendo a la Iglesia?

Creo que es una actitud original e innovadora, fresca (refreshing) y auténtica, a la que doy la bienvenida. Cada nuevo Papa aporta un nuevo énfasis a una parte de la enseñanza de la Iglesia que puede requerir una renovada atención.

caridad

Al igual que sucedió con Joseph Ratzinger, el Cardenal Bergoglio también ha sido acusado por algunos medios de prensa italianos por haber colaborado con la dictadura Argentina. ¿Qué es lo que piensa de este modo de actuar que tienen los medios de comunicación aquí en Italia? ¿Es algo que también se produce en los medios de comunicación de los Estados Unidos?

No suele ser difícil elaborar acusaciones monstruosas e infundadas contra alguien. El asunto es ser capaz de probarlo. Estas acusaciones irresponsables reflejan el escaso, pobre carácter de los autores y de las publicaciones involucradas. La acusación que Ud. señala ha sido refutada repetidamente y se ha probado que es falsa. En los Estados Unidos no tenemos el mismo nivel de irresponsabilidad en la prensa probablemente porque nuestros periódicos deben competir en el mercado, a diferencia de muchos medios de prensa italianos que son financiados por el gobierno o por los partidos políticos. Aunque, frecuentemente, hay sesgos e intereses en los principales medios de prensa norteamericanos, éstos deben emplear fuentes de información fiables ya que de lo contrario serán percibidos como fuentes poco fiables por parte de los consumidores.

El presidente Obama ha enviado un mensaje muy cálido al primer Papa que proviene del continente americano y lo ha definido como un “campeón de los pobres y de los más vulnerables entre nosotros”. ¿Cómo se percibe en los Estados Unidos el nuevo mensaje de la Iglesia que propone el Papa Francisco?

Va a ser interesante ver cómo sigue esto en el futuro porque mientras que Obama muchas veces ha empleado un lenguaje emotivo y vívido cuando se trata de entender las causas de la creación de la riqueza, ha mostrado tener una comprensión muy superficial del rol que juegan los negocios y las empresas, que son los mejores medios institucionales con los que se puede ayudar a los pobres a salir de su pobreza.

¿Y qué sucede con Latinoamérica? Este continente está experimentando un progresivo desarrollo económico, sin embargo, ¿cuáles serían las posibilidades para lograr un crecimiento más ordenado que el que experimentó el resto del mundo occidental desarrollado?

Esto depende de qué es lo que se entiende por “crecimiento ordenado”. Existe una gran tentación, dada la historia de los países de Latinoamérica, de que “ordenen” sus economías de tal modo que ese crecimiento quede obstaculizado. Anticipar las necesidades de los consumidores y organizar los factores de producción para lograr satisfacer esas necesidades no es una ciencia exacta, y requiere tanto de la asunción de riesgos como de un profundo conocimiento del marco cultural en el que las empresas operan, y ello con la esperanza de tener éxito. Por otra parte, si entendemos por “orden” el imperio de la ley (rule of law), esto es algo esencial para asegurar el cumplimiento de los contratos y el progreso económico.

El Papa Bergoglio rechaza los presupuestos de la teología de la liberación y, en su tiempo, condenó a sus hermanos jesuitas que se vincularon con esa ideología. ¿Cuál es su opinión sobre esto?

Fue una cosa muy valiente la que hizo el Papa Francisco en su momento en Argentina, y mucho más meritoria y difícil si se considera que tuvo que enfrentarse a sus hermanos jesuitas que estaban politizando el mensaje evangélico y el servicio de ayuda a los pobres. Es muy duro tener que corregir a personas con quienes compartes tu vida cotidiana y con quienes rezas . Esto muestra la lucidez del pensamiento del Santo Padre, a saber, que uno puede ejercer una verdadera “opción preferencial por los pobres” sin tener una opción preferencial por el Estado.

NOTA: El original ha sido publicado por el periódico italiano il Sussidiario.net, el 19 de marzo de 2013. La traducción es deMario Šilar del Instituto Acton Argentina para el Acton Institute.

¿Tiene cura la pobreza? Entrevista al Padre Robert A. Sirico (Forbes)

4 Enero 2014


Jerry Bowyer

Me senté frente a un micrófono y con el Skype abierto para introducirme en un diálogo en el que abordamos una amplia variedad de temas con uno de los pensadores más interesantes de Norteamérica, el padre Robert Sirico, fundador del Acton Institute. El tema principal estuvo centrado en torno a una nueva serie documental titulada Poverty Cure. Si amas la libertad y a los pobres vas a querer ver este documental. Obviamente, si has leído o escuchado alguna de mis entrevistas anteriores, ya sabrás que ellas no se centran en sólo un tema de discusión. Si deseas escuchar la entrevista completa, puedes bajar el audio aquí (en inglés). A continuación transcribo algunos de los puntos principales de la entrevista, que duró algo más de una hora.

poverty cure

Jerry Bowyer (JB): “El P. Sirico, fundador del Acton Institute y, en mi opinión, uno de los pensadores más importantes de nuestro país en la actualidad, en el tema de la relación entre la fe (particularmente la fe cristiana) y la economía. El proyecto en el que nos centraremos hoy es en PovertyCure, que consiste en un documental de seis episodios, un festival de cine y, en muchos sentidos mucho más que eso, un auténtico movimiento. El P. Sirico nos va a hablar acerca de ello hoy. Le agradezco Padre su participación hoy aquí”.

P. Robert Sirico (RS): “Estoy feliz de estar aquí, Jerry. Gracias por invitarme”.

JB: “Hablemos un poco de PovertyCure. ¿De dónde vino la idea de hacer algo así? ¿Cuál fue la idea original que inspiró PovertyCure?”

RS: “Desde los inicios del Acton Institute, que fue hace 24 años, hemos tenido siempre la preocupación de que una educación económica sólida –una comprensión real de cómo funciona un mercado– ayudaría en primer lugar y principalmente a los más vulnerables, por lo que hemos hecho varias cosas a lo largo de estos años para demostrar o enseñar esto a la gente. Hace ya unos años, estuvimos hablando sobre cuáles eran las cosas que realmente ayudaban a los pobres… Obviamente, lo que ayuda a los pobres es el tener acceso al trabajo. Pero a medida que analizábamos las buenas intenciones de mucha gente, veíamos que muchos de ellos simplemente pensaban que la solidaridad con las personas pobres sólo se reducía a darles cosas. Desde nuestra concepción de cómo funcionan los mercados (y desde nuestra comprensión del ser humano), encuentras que, en rigor, los mismos seres humanos son los artífices de su propio bienestar y de su capacidad de salir de la pobreza. Lo que hemos querido hacer, y lo que creo que hemos logrado transmitir con gran belleza en esta serie documental en DVD es mostrar cómo se crea riqueza y en qué consiste la naturaleza de las personas cuando son capaces, a pesar de estar en medio de la pobreza, de ser creativos y ser capaces producir más de lo que ellos consumen. –y todo esto dicho en primera persona por personas pobres y por expertos en estos temas–. A esto es a lo que llamamos, en este contexto, bienestar o riqueza: cuando puedes producir más de lo que consumes”.

JB: “De otro modo sólo subsistes o recolectas cosas”.

RS: “Exacto. Sólo subsistes, buscas algo que alguien haya dejado o estás esperando –y ahora existe una auténtica industria de la pobreza– que alguien te provea de los bienes que necesitas. Cuando te encuentras en una situación en donde las personas constantemente están dándote cosas, tu capacidad emprendedora se embota o adormece y toda tu capacidad cultural queda como aletargada. La riqueza de tu personalidad no es valorada”.

JB: “En PovertyCure hay una entrevista fascinante a una empresaria que vive en Ghana, si mal no recuerdo, y que se dedica a la industria textil. Esta empresaria afirma que “toda esta ropa donada, toda esta usada enviada desde los Estados Unidos… entiendo que lo hagan como un acto de generosidad pero nosotros teníamos una industria textil aquí. Éramos fabricantes textiles y ahora no lo somos porque no tenemos ninguna posibilidad de competir con cajas gratis de ropa enviadas desde los países desarrollados.

RS: “Sí, esto destruye la industria local. Es necesario analizar qué significa todo esto. No se trata simplemente de que algunas personas dejan de ganar dinero vendiendo ropa, significa que todos estos trabajadores mantienen a sus familias gracias a la industria textil. Además, hay otra cosa que es intangible: las personas estaban aprendiendo los hábitos del comercio, de la contracción al trabajo, de la puntualidad, del esfuerzo, de posponer la gratificación –todas estas cosas que entran en juego y forman parte del meollo de una cultura y del meollo de una economía– quedan eliminadas. Lo que termina ocupando este lugar vacío son las organizaciones no gubernamentales y las organizaciones filantrópicas, quienes están allí con la mejor de las intenciones (pero que no pueden proveer de estos intangibles que se pierden). Otra parte realmente emocionante de PovertyCure es la del orfanato. Se trata de una pareja que viaja a Haití porque llevaban una pesada carga, una preocupación real y se dieron cuenta que querían adoptar un niño. Se fueron a Haití y estuvieron allí durante un año y medio, y a medida que fueron conociendo la cultura local se dieron cuenta que el niño que estaban por adoptar tenía padres. Y a medida que más averiguaban y hacían preguntas incómodas a los padres se dieron cuenta del incentivo que mueve a las familias pobres a dar a sus hijos en adopción. Al entregarlos a los orfanatos ellos logran que sus hijos pasen a formar parte de ese grupo de niños especiales que serán adoptados y enviados a los Estados Unidos. Esos niños luego podrán enviar dinero a casa, en Haití. El problema es que estos niños, en rigor, no se van a integrar en la familia que desea adoptarlos. Estos niños no quieren ser los hijos de otra familia, siendo que tienen y conocen a sus propios padres. Se trata de algo verdaderamente difícil. Creo que una cosa que es verdaderamente única de PovertyCure es que no se trata de algo que sea simple y placentero de ver. No se trata de un documental “buenista” y simplón que presente las cosas de modo que los pobres simplemente por ser pobres tengan que ser personas maravillosas. Existen preguntas muy arduas respecto de nuestras acciones filantrópicas que es necesario abordar”.

JB: “Eso es así. Aunque yo no encontré PovertyCure como algo poco placentero de ver. Mi esposa y yo miramos el documental hace un par de días –al mismo tiempo que se celebraba el festival de cine PovertyCure. Algunas partes del documental nos hicieron llorar”.

RS: “Sí, ver la cantidad de talentos y recursos humanos que se pierden es una cosa que estremece hasta las lágrimas. También emociona lo inspirador que resulta el testimonio de estas personas que tienen una fuerza conmovedora”.

JB: “Fue más lo último en nuestro caso. Se trató de la inspiración y de lo que afirma Keats: ‘La belleza es verdad y la verdad belleza’. Había una sensación de que accediendo a las grandes verdades en lo que atañe a las leyes de la acción humana, de la naturaleza humana y todo esto dicho por las mismas personas que tantas veces han sido utilizadas como instrumento propagandístico por parte de los planificadores estatales, daba una fuerza especial al argumento. Era como una especie de Magnificat sentir esto. Los ricos del mundo –parece que ahora estoy asumiendo el discurso de la lucha de clases–, ‘el rico’ significando los políticos que se benefician del capitalismo prebendario (crony capitalism), la elite que se constituyen en elite no por la calidad de los bienes y servicios que ofrecen sino porque fueron capaces de cooptar el poder. Ellos están, de hecho, oprimiendo a los pobres. De hecho, podemos afirmar como dice Santiago “oíd ricos ahora, llorad y aullad”. No porque seamos antimercado o porque no nos gusten los emprendedores sino porque, de hecho, en la actualidad ha emergido un tipo de clase global de personas que han acumulado grandes cuotas de riqueza y poder –en la forma de acceso al presupuesto gubernamental– que tiene un tremendo poder sobre nuestras vidas a través de la coerción estatal. Y son ellos los que nos mantienen subyugados.

RS: “Eso es exactamente sobre lo que nos quisimos centrar”.

JB: “Y ellos son los que siguen manteniendo a los pobres en su situación. Darme cuenta de esto me generó mucha ira”.

RS: “Sí, eso es un poco lo que quise decir. Y te imaginas si no tuvieras el conocimiento de qué son los mercados, pero tienes un buen corazón y simplemente pensabas que esa era la mejor manera de ayudar… no se trata de denunciar la caridad… sin embargo cualquier persona medianamente sensata estará de acuerdo en que la caridad no es la forma normativa en que se logra sacar a las personas de la pobreza. Es el acceso al trabajo el que logra sacar a las personas de la pobreza.

JB: “Uno de los comentadores que aparecen en el documental –esta es una de las citas interesantes que aparecen en el documental– dice lo siguiente: “dame un ejemplo de un país que haya salido de la pobreza a través de la ayuda exterior. Simplemente muéstrame uno. No existe ninguno”.

RS: “No, no hay ninguno. Se sale de la pobreza a través de los mercados, de eso se trata la globalización”.

Para entender el pensamiento de Francisco

Por P. Robert A. Sirico (presidente y cofundador del Acton Institute)

Publicado en The Detroit News (editorial “Think”)

2 de enero de 2014

En 2005 fui invitado a Roma por la BBC para comentar los acontecimientos en torno a la muerte del Papa Juan Pablo II y el subsiguiente cónclave, en el que se elegiría a Joseph Ratzinger como Benedicto XVI. El día que los cardenales ingresaron en el cónclave estaba en el aire con el veterano corresponsal de la BBC Brian Hanrahan (fallecido en el 2010) que no creía que el Colegio Cardenalicio pudiera llegar a elegir a Ratzinger, quien acaba de ofrecer la memorable homilía frente a los cardenales en la que denunciaba la “dictadura del relativismo”.

¿Puede una persona tan estrecha de mente –me preguntaron– terminar siendo Papa?

Yo defendí que Ratzinger era una persona bien conocida por cada uno de los cardenales y que era quien tenía la mayor probabilidad de ser elegido. Comenté, sin embargo, que una “versión más amigable” de Ratzinger también podría ser elegida, y especulé con que tal vez esta podría ser “Bergoglio de Argentina”2. Fallé por ocho años.

Inesperadamente, el año pasado, me encontré nuevamente en una lluviosa noche en Roma. El hombre que iba a aparecer en la basílica de San Pedro me era familiar. Sin embargo, este Papa de muchas primicias (el primero en tomar el nombre de Francisco, el primer Papa jesuita, el primer Papa del continente americano) tenía preparadas una buena cantidad de sorpresas propias. Para quienes somos seguidores de la institución papal, el Papa Francisco nos ofrece una fuente constante de material para la reflexión.

Para los comentadores de los últimos 30 años acostumbrados a explicar el significado de los densos textos teológicos y filosóficos magisteriales –que eran la costumbre antes del actual pontificado–, la simplicidad y la espontaneidad del estilo del Papa Francisco pueden causar un poco de confusión o resultar algo engañoso.

Mientras que su predecesor enseñó empleando palabras muy precisas y matizados argumentos, Francisco habla con valentía a través de gestos efectivos y emotivos. Un tierno y genuino abrazo a un hombre deformado vale como una encíclica entera sobre el amor. Y en la era de Internet, es algo que resulta inmediatamente accesible a millones de personas.

No es una sorpresa que el hombre que tomó como referente y nombre el modelo de il poverello d’Assisi haya puesto a los pobres, su dignidad, sus derechos y su sustento en el centro de su pontificado. Sin embargo, los gestos espontáneos y la manera improvisada en que se manifiestan no deben llevarnos al error de pensar que este Papa está ofreciendo una dicotomía superflua entre izquierda y derecha, entre capitalismo y socialismo. Creer que cualquier Papa, y este Papa en particular, estés inspirados por una ideología política concreta en su preocupación por los pobres y vulnerables significa errar por completo.

Francisco rechaza la idea de que solo el mercado puede satisfacer todas las necesidades humanas, pero también denuncia “el asistencialismo” que crea dependencia en los pobres y reduce el papel de la Iglesia al de una ONG burocrática como cualquier otra. La complejidad de su pensamiento sorprende tanto a algunas personas de derecha (algunos que se preocupan innecesariamente creyendo que es un teólogo de la liberación) como de izquierda (que utilizan sus palabras para fomentar una “Revolución Francisco” en su nombre). Estas tendencias lo que en verdad ponen de manifiesto es la comprensión anémica que se tiene de Francisco como persona pero también del catolicismo, que históricamente ha estado a gusto balanceando las tensiones de paradojas aparentes (lo divino y lo humano, la Virginidad y la Maternidad, etc.). Es una tentación demasiado fácil reducir dos mil años de tradición, de reflexión y de experiencia vivida a cuatro o cinco frases impactantes y políticamente correctas, prioritarias para la agenda de los propagandistas, pero no para la Iglesia.

Si se quiere entender lo que piensa Francisco de los pobres sería bueno atender con mayor objetividad a la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium de la que tanto se ha hablado y a la que tan poco se ha leído. Rápidamente se pone de manifiesto que esta Exhortación es una extensión de una aguda percepción de Jorge Bergoglio cuando era arzobispo de Buenos Aires:

“No podemos responder con verdad al desafío de erradicar la exclusión y la pobreza, si los pobres siguen siendo objetos, destinatarios de la acción del Estado y de otras organizaciones en un sentido paternalista y asistencialista, y no sujetos, donde el Estado y la sociedad generan las condiciones sociales que promuevan y tutelen sus derechos y les permitan ser constructores de su propio destino.” (Conferencia Las deudas sociales, 30 de septiembre de 2009)
Como alguien que ha promovido una economía libre como el modo normativo de ayudar a las personas a salir de la pobreza, encuentro dos desafíos innovadores en estas palabras, y que podrían suponer el inicio de un largo camino para despolitizar el debate sobre la pobreza y la riqueza.

Imaginemos si todos los que actualmente participan en el debate sobre estos temas se hicieran preguntas tales como “¿qué cosas excluyen a los pobres del camino a la prosperidad?”, o “¿cómo sería una sociedad que dejara de ver a los pobres como meros objetos de ayudas paternalistas y los viera como artífices de su propio destino?”

Los detalles respecto de medidas concretas de acción política no están ni en el corazón ni en el alma de la increíble atracción que despierta Francisco en las personas de todo el mundo. No es su motivación política lo que nos conmueve cuando somos testigos del modo en que asume y abraza la fragilidad humana.

De una manera monumental e imprevista el Papa Francisco está cambiando las cansadas conversaciones del pasado y nos invita a comprometernos en el camino de sanación que desesperadamente necesita nuestro mundo de hoy. Casi él solo está transformando el modo en que el mundo mira al catolicismo, no cambiando el catolicismo, sino recuperando muchas de las ricas tradiciones que atesora y devolviéndolas al primer plano.

Su estrategia proviene de su visión de la Iglesia, y no es algo secreto. Es algo simple y él mismo lo ha dicho con claridad. Francisco ve a la Iglesia como un hospital de campaña tras una batalla:

“Veo con claridad que lo que la Iglesia necesita con mayor urgencia hoy es una capacidad de curar heridas y dar calor a los corazones de los fieles”, dijo. “¡Qué inútil es preguntarle a un herido si tiene altos el colesterol o el azúcar! Hay que curarle las heridas. Ya hablaremos luego del resto. Curar heridas, curar heridas…” (Entrevista con Antonio Spadaro SJ, La Civittà Cattolica)

Curar las heridas, sí. Y luego despertar la sociedad a la fuente más grande de todas: la persona humana. Ese es el camino para salir de la pobreza.

Traducción de Mario Šilar (Instituto Acton Argentina)

Sobre los pobres, explotados y excluidos

Por Gabriel Zanotti

Para Instituto Acton Argentina

Abril de 2007

(Había escrito esto en el 2007, poco antes que se emitiera el documento de Aparecida. Creo que publicarlo ahora (1 de Enero de 2014) es de estricta actualidad y una buena manera de comenzar el año).

Se acerca una nueva Conferencia Episcopal Latinoamericana, y no será de extrañar que los Obispos pongan su voz de alerta sobre las condiciones materiales de vida, muchas veces infrahumanas, de gran parte de la población de sus castigados países. No vamos a referirnos ahora en detalle al tema del diagnóstico de tan delicada situación (aunque ello sea muy importante) sino que vamos a poner el acento en una cuestión que tal vez facilite el entendimiento en quienes “diagnosticamos diferente” en estos temas.

En los objetivos del Instituto Acton está el diálogo entre los fundamentos de una “economía libre”, “economía de mercado” (los términos pueden cambiar, estamos adoptando los distinguidos por Juan Pablo II en Centesimus annus) y la tradición cristiana y la Doctrina Social de la Iglesia. Por ello, no podemos dejar de registrar que quienes son partidarios de las economía de mercado (sean cristianos o no) no hablan de oprimidos, excluidos y explotados. Esos términos han sido interpretados, la mayor parte de las veces, bajo el paradigma de la lucha de clases. Ese es el motivo, creemos, de que los partidarios del mercado no usen esa terminología, aunque ello puede ocasionar una posible confusión: a) que los partidarios del mercado nieguen que haya fenómenos de injusticia en los temas socioeconómicos; b) que nos les interesa el destino de quienes padecen inenarrables sufrimientos.

Pero no es así. Claro que hay injusticias. Y esas injusticias se traducen en miseria, desocupación, desnutrición, y condiciones de vida indignas que, aunque relativas a la circunstancia histórica, conmueven el corazón de cualquier persona de buena voluntad, y, sobre todo, de cualquier cristiano para quien, como dijo Edith Stein, nadie le es indiferente.

pobreza

Y en ese sentido también podemos hablar de oprimidos y excluidos, pero no desde la lucha de clases marxista o neomarxista, sino cambiando el enfoque: hay en efecto un sistema socioeconómico, imperante en América Latina desde hace siglos1, basado en la intervención del Estado en las variables económicas, la socialización de los medios de producción, el control estatal de la actividad privada y todo tipo de privilegios y prebendas para lo que quede del sector llamado “privado”. Ese sistema (que muchos, con buena voluntad, llaman “capitalismo” o “neoliberalismo”) ha impedido secularmente la acumulación de capital y, consiguientemente, ha producido una masa cuasi-infinita de mano de obra barata y-o desempleada cuyo destino terrenal se deshace entre la desnutrición, la enfermedad y la muerte. Esos son los “excluidos” de los beneficios del desarrollo y de la suba progresiva del ahorro y del salario real que se produce y se ha producido en aquellas naciones que han aplicado economías de mercado, lo cual incluye las bases institucionales para su desarrollo, anuladas también en América Latina por todo tipo de autoritarismos, ya de izquierda, ya de derecha, que con delirios mesiánicos siguen añorando la figura cultural del virrey omnipotente.

Ellos son también los “oprimidos”: por un sistema que los condena a la miseria, y “explotados” también, no en un sentido marxista del término, pero sí en otro sentido: los privilegios, prebendas y subsidios del sistema intervencionista producen una casta de dirigentes sindicales, empresarios, funcionarios estatales y políticos que viven del presupuesto del Estado que se alimenta permanentemente de impuestos y cuasi-confiscaciones al sector privado, a la libre iniciativa, y para peor, en nombre de los pobres que dicen proteger.

Estas estructuras, llamadas para colmo “mercado” son verdaderamente un pecado social, un mal moral, además de un error técnico, porque implican la riqueza de unos a expensas de la pobreza de otros, como una torta fija que no crece sino que aumenta las desigualdades y privilegios indebidos.

Por lo tanto, no está nada mal, al contrario, que los cristianos se preocupen por los oprimidos. Ello no sólo no es incompatible, sino exigido por la conciencia cristiana. La cuestión es: ¿cuál es el sistema que oprime?

No está mal, al contrario, que esto implique una opción preferencial por el pobre, que obviamente, como ha explicado el Magisterio pontificio, no debe ser excluyente ni mirada desde la lucha de clases, ni tampoco debe excluir otras formas de pobreza no materiales (Juan Pablo II, Reconciliatio et paenitentia). Pero el pobre, el pobre material, aunque muy difícil de definir, como el tiempo, sin embargo sabemos lo que es, y nos duele y llama a nuestra conciencia. Esto responde al segundo malentendido. Los que defienden a la economía de mercado, ¿acaso están preocupados por aumentar la fortuna de Bill Gates? No dudo que haya gente que verdaderamente lo piense, pero obviamente no es así, y menos aún los cristianos que, de modo opinable, optamos por defender ese sistema. Son los males de la desocupación, la desnutrición y la miseria lo que nos preocupa, igual que a otros cristianos que piensen diferente e igual que a los Obispos y teólogos latinoamericanos. Sólo les proponemos, de modo dialogante y amistoso, un cambio de enfoque, no en los fines ni en la conciencia cristiana que nos mueve, sino en la consideración de las causas socioeconómicas de lo que verdaderamente es un mal espantoso.

Sin embargo, excluido el análisis de la lucha de clases, otro cambio importante de enfoque se produce: la clara conciencia de que, por más que se alcance la liberación de las estructuras sociales opresoras, ello no implica la redención de Cristo y la Libertad del Reino de Dios. Los sistemas sociales pueden ser mejores, pueden ser “buenos” pero son, por un lado, siempre perfectibles, y, por el otro, nunca se identifican con la perfección de la Gracia, de lo Sobrenatural, de la redención que viene sólo de Cristo.

Aclaradas estas cuestiones, los partidarios de la economía de mercado esperamos no quedar, valga la redundancia, excluidos del diálogo y oprimidos por la incomprensión. Esperemos sea visto nuestro aporte como motivado por la misma conciencia cristiana que seguramente guiará la pluma de nuestro pastores.

1 Ver al respecto Vargas Losa, A.: Liberty for Latin America, Independent Institute, 2005; le hemos hecho una crítica en Markets & Morality, ver http://www.acton.org/publicat/m_and_m/new/review.php?article=96